Anagilmara Vílchez y Génesis Hernández
En diciembre, Ángela Ruiz vio salir la última gota de agua de los grifos de su casa, ubicada en el kilómetro 23 de la Carretera a Masaya.
En este lugar conocido como Los Brenes, un barril sarroso se llena de polvo frente a cada vivienda.
“Enacal (Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados) cada tres días manda un barril de agua por casa, pero ¿y qué va a hacer uno con un barril de agua?, nosotros cada 22 días tenemos que comprar la pipa de agua que vale ochocientos pesos”, reclama Ruiz, quien además se queja de que el cobro de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados, sí es puntual con 200 a 250 córdobas mensuales por un servicio del que no goza.
“Dicen que abrieron un pozo aquí en el (kilómetro) 19, pero que el agua no sirvió porque salió con azufre por parte del volcán y entonces por eso no nos viene el agua”, concluye.
Ella espera que en mayo las autoridades cumplan la promesa de que con la llegada del invierno la situación que han padecido desde hace más de cien días, cambiará.
ENACAL DE OÍDOS SORDOS
En Ticuantepe también hay sed. “Desde siempre” se ha ido el agua, según Delmis Largaespada habitante del barrio Medardo Andino: “Aquí se va diario el agua desde las 6:00 de la mañana y regresa hasta las 10:00 de la noche. Hemos metido cartas a Enacal, hemos hablado, hemos protestado y no nos han dado respuesta, han sido oídos sordos”.
Según Largaespada, “a principios de febrero metimos una carta en Enacal de Ticuantepe y luego a finales de marzo la otra, pero no hemos recibido respuestas.
“Estamos pensando organizarnos para hacer una protesta grande, porque los recibos nos llegan puntuales y alteradísimos, pero nunca hay agua”, dijo.
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