Hoy se debe realizar la segunda reunión del diálogo del gobierno dictatorial de Venezuela, con el sector moderado de la oposición democrática de ese país suramericano encabezado por el excandidato presidencial democrático, Henrique Capriles.
De la primera reunión de este diálogo, realizada el jueves pasado y la cual fue transmitida por una cadena nacional de radio y televisión, la oposición logró que toda la población de Venezuela conociera sus argumentos y sus cuatro demandas fundamentales para que se pueda comenzar a resolver la crisis y restablecer la calma en el país, demandas que supuestamente se comenzarán a discutir en la reunión programada para hoy.
Las cuatro demandas básicas de la oposición venezolana son: primero, amnistía para los presos políticos; segundo, desarme de las bandas paramilitares oficialistas que han causado o protagonizado al menos diez de las 41 muertes ocurridas durante la crisis; tercero, renovación de los poderes del Estado; y, cuarto, constitución de una Comisión de la Verdad independiente y profesional.
Es muy difícil que el gobierno autoritario de Venezuela acepte las demandas de la oposición, pues eso significaría comenzar a poner fin a la dictadura chavista. Sin embargo, aunque con este diálogo —que es rechazado por la parte opositora más radical— no se consiga el acuerdo necesario para el restablecimiento de la democracia, al menos la oposición ha logrado que la población venezolana conozca sus planteamientos fundamentales, particularmente el de que solo mediante el restablecimiento de la democracia y la economía libre de mercado se puede poner fin a la crisis del país bolivariano. Lo cual, si no se logra ahora por la cerrazón de la dictadura chavista, inevitablemente se tendrá que lograr más tarde pero pagando un precio mucho más caro y doloroso.
En Nicaragua, tal como están las cosas, si después de que el régimen dictatorial se reforzó con la repartición en la Asamblea Nacional de las magistraturas y otros cargos superiores del Estado los obispos de la Iglesia católica se deciden a realizar el anunciado diálogo con Daniel Ortega, solo este sería el favorecido, por el provecho propagandístico que esa reunión le reportaría. Los obispos podrían incluso pedir la renovación de los poderes del Estado para el restablecimiento de la institucionalidad democrática del país, pero Ortega no lo aceptaría porque eso significaría desmontar su dictadura y por ahora no hay ninguna fuerza que sea capaz de obligarlo.
Los obispos no han decidido todavía reunirse con Daniel Ortega. Pero si lo deciden sería bueno que condicionaran que la plática con el dictador se transmita en cadena nacional de radio y televisión. Todos los nicaragüenses tienen derecho de conocer los planteamientos de la Conferencia Episcopal y las respuestas que les dé Ortega, saber lo que se discuta y acuerde en esa reunión en la que, supuestamente, se discutirían los asuntos más importantes del interés público y nacional.
El diálogo es necesario para resolver cívicamente los problemas de la democracia y garantizar la convivencia pacífica de la sociedad. Eso no se discute. Pero el diálogo se vuelve farsa cuando lo que pretende quien detenta el poder es someter a la otra parte. Lo cual, sin duda, es lo que quieren Maduro en Caracas y Ortega en Managua.
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