Los argelinos acudirán el jueves a las urnas para elegir presidente en unas elecciones en las que el mandatario saliente, Abdelaziz Buteflika, parte como gran favorito pese a que sus problemas de salud le impidieron protagonizar la campaña electoral.
Debilitado hace un año por un accidente vascular cerebral que le obligó a pasar casi tres meses hospitalizado en París, Buteflika, de 77 años, de los que pasó 15 a la cabeza de Argelia, está siguiendo sesiones de rehabilitación para recuperar todas las facultades de elocución y movilidad. Pese a las declaraciones tranquilizadoras de su director de campaña Abdelmalek Sellal, que afirmó que «mejora cada día», muchos dudan de su capacidad para dirigir el país durante otros cinco años.
Más allá de los problemas de salud, sus detractores, como el movimiento Barakat ('Basta'), se opone a que se presente a un cuarto mandato.
Una coalición de cinco partidos opositores, entre ellos el Movimiento por la Sociedad y la Paz (MSP, islamista), lleva a cabo una campaña de boicot porque considera que los colaboradores del presidente «ponen bajo cerrojo» los comicios.
En un país donde desde la independencia en 1962 el ejército siempre ha desempeñado un papel importante en la elección del jefe del Estado, la prensa se hizo eco en las últimas semanas de profundas divergencias en esta institución sobre si apoya o no a Buteflika.
Según la prensa, el jefe de los servicios de inteligencia militar, el general Mohamed Mediene, alias Tufik, emitió reservas sobre un cuarto mandato. Por otro lado, el diario El Watan afirmó el viernes que el jefe del Estado Mayor, el general Ahmed Gaid Salah, está «considerado como el principal apoyo para la reelección del presidente».
«Poco importa quién será el presidente a partir del momento en que nunca ha sido él quien decide […] los que deciden están en la sombra», estimó el ex primer ministro Sid Ahmed Ghozali (1991-1992) en una entrevista a la 'web' TSA («Todo sobre Argelia»).
Los cerca de 23 millones de votantes elegirán entre seis candidatos. Ali Benflis, que fue el hombre de confianza de Buteflika al comienzo de su primer mandato (1999-2004), se perfila como su principal rival.
En ausencia de sondeos, Buteflika parte como favorito pero Benflis, convencido de que conseguirá ganar tras su derrota en las presidenciales de 2004, pronosticó el jueves en Bejaia (este) un «violento terremoto que hará estremecer las bases de los partidarios de una presidencia vitalicia». Para él, su «principal adversario» encarna el fraude. Buteflika reaccionó acusándole de «terrorismo». «Que un candidato amenace a los walis [prefectos] y a las autoridades» para que «cuiden de sus familias e hijos en caso de fraude ¿qué quiere decir?», declaró. «Es terrorismo a través de la televisión», dijo.
La campaña electoral concluye este domingo. Los emisarios del presidente cerraron los mítines alabando el «milagro» de Buteflika, que «sacó a Argelia de las tinieblas hacia la luz».
Garante de estabilidad

Esta campaña ha contrastado mucho con las anteriores, en las que Buteflika destacó por su hiperactividad. En esta ocasión encargó a siete colaboradores que recorran el país en su lugar. Y lo hicieron recalcando que era un garante de estabilidad.
El presidente Buteflika aplicó una política de reconciliación nacional después de una década de violencia que causó 200,000 muertos, según cifras oficiales, pero las heridas siguen estando abiertas y los riesgos de violencia son una realidad, como se vio en enero de 2013 con el secuestro llevado a cabo por un comando islamista en una planta gas que se saldó con decenas de muertos.
Argelia comparte 7,000 kilómetros de fronteras con la zona del Sahel, que incluye a Malí —donde Al Qaeda está activa— y algunos países de la primavera árabe, un «entorno explosivo», advierten los asesores del presidente.
En las 'revoluciones árabes' de 2011, que provocaron la caída de los dirigentes de Túnez y de Libia, Argelia vivió conatos de revuelta que fueron rápidamente frenados.
Buteflika se apresuró en anunciar reformas políticas, pero la oposición las considera muy insuficientes.
Para evitar más tensiones sociales, en un país con más del 20% de los menores de 35 años desempleados, el futuro presidente tendrá que superar un gran desafío: diversificar una economía muy dependiente de los hidrocarburos, en la que la industria representa menos del 5% del PIB.