Rituales absurdos

En uno de aquellos días, a las 8.30 a.m., llegó a buscarme a la oficina el gerente de ventas, quien preocupado reportaba que un cable, o más bien, un conjunto de cables unidos, había amanecido muy bajo, tal vez debido al peso excesivo. El problema es que dicho cable colgaba en la zona de acceso de vehículos al cargadero de la planta.

Carlos R. Flores (*)

En uno de aquellos días, a las 8.30 a.m., llegó a buscarme a la oficina el gerente de ventas, quien preocupado reportaba que un cable, o más bien, un conjunto de cables unidos, había amanecido muy bajo, tal vez debido al peso excesivo. El problema es que dicho cable colgaba en la zona de acceso de vehículos al cargadero de la planta.

Fuimos a buscar al encargado, o como se le llamaba, al “dueño”, ya que esa era la práctica administrativa en donde las funciones y áreas de control tenían un propietario (a) ficcional, según fuese; se hablaba de “mis camiones”, “tu bodega”, etc.

Resulta que la persona a cargo no estaba en la planta, ya que su horario de llegada era impredecible, en su nivel gerencial ya se encontraba más allá de los terrenales horarios de llegada a la oficina, por lo cual no se pudo encontrar a nadie quien pudiera girar la instructiva de corregir esa peligrosa situación. Era un percance solamente esperando ocurrir. Nadie tampoco quiso dar una orden por la que después “el dueño” fuera a reclamar que habían pasado sobre su sacrosanta autoridad.

Al no encontrar a nadie quien resolviera, no tuvimos más remedio que ir a la oficina del gerente general, quien tampoco en ese momento estaba disponible, solamente su seria asistente, una persona quien a veces pretendía fungir como gerente general.

El caso fue que no era posible comunicarse con dicho ejecutivo, pero ella prometió avisar apenas él se hiciera presente para atender la gestión. No obstante su seca e impersonal atención, al parecer estaba interesada en colaborar, prometiendo que ella “haría algo” por corregir esa situación.

Al regresar a mi oficina diez minutos después, encontré un mensaje de ella en la que me prevenía —así de simple— de saltarme los procedimientos establecidos: “Le pido por favor que pueda darle curso a dicha situación inminente llenando uno de los formatos mencionados, para que se introduzca al sistema y así se cumplan los procedimientos establecidos manteniendo el orden en las actividades y debido flujo de los reportes y tiempos de respuesta”.

No había acabado yo de abrir esta nota, cuando sonó mi teléfono. Era el gerente de ventas, quien me avisaba que acababa de darse un incidente con dos personas lesionadas, las cuales estaban esperando ayuda para ser transportadas hacia una clínica aliada, la cual estaba retirada de la facilidad, pero era el único lugar autorizado al que podían llevarse los lesionados, ya que si los transportaban a un hospital público o a cualquier centro médico, entonces existía el riesgo que les prescribieran a los lesionados días de subsidio, es decir, días fuera del trabajo, lo cual echaría a perder la meta de seguridad, siendo esto algo impensable en el imaginario de las gerencias de la empresa.

El percance ocurrido había sido anunciado. Un pickup entrando a la planta, llevaba un serafín, (equipo de calibración) el cual iba a su vez sobre un pedestal, emplazado en unas cajas de materiales. En la parte de abajo viajaban dos contratistas, viendo hacia atrás del vehículo y supuestamente haciendo contrapeso para garantizar la estabilidad de la carga. Al pasar por el sitio del cable bajo, este hizo contacto con el serafín, arrojándole al suelo del vehículo y golpeando a los dos operarios.

(*) Consultor en Seguridad Industrial

www.noalosaccidentes.wordpress.com

[email protected]

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COMENTARIOS

  1. temple
    Hace 12 años

    y quedaron impugnes los responsbles

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