Félix Rivera
La capilla de Guadalupe, ubicada en el costado norte de la Catedral San Juan de Jinotega, alberga desde ayer los restos del querido sacerdote Francisco Blandón Meza, quien fue asesinado el pasado domingo en Wiwilí. Ayer por la noche el padre Chico, como cariñosamente era conocido, fue despedido por sacerdotes y creyentes católicos.
Además de matar al sacerdote, Eyner Salvador Maldonado Paguaga, mató a su expareja, Sandy Marbely Hernández Mairena y luego se suicidó.
El padre Chico es el penúltimo de seis hijos del matrimonio de don Lupario Blandón y doña Victoria Meza, productores de la comunidad El Ocotalillo.
Estudió Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma.
El obispo de Jinotega, monseñor Carlos Enrique Herrera, lo nombró administrador parroquial de Catedral San Juan y hace dos años fue nombrado párroco de Wiwilí.
El padre Norvin García, párroco de Pantasma, comentó que “el padre Chico era un sacerdote ordenado en esta Diócesis y para el clero de Jinotega es un golpe duro, sobre todo la forma en cómo murió. Pedimos a la feligresía oraciones para el clero, bendiciones para el padre Chico, el obispo y para la familia”.
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