La agencia estadounidense de noticias, Prensa Asociada (AP por sus siglas en inglés), informó la semana pasada que la Agencia Internacional de Estados Unidos para el Desarrollo (AID) había impulsado la creación de una red social en Cuba, por medio de los teléfonos celulares, supuestamente programada por un nicaragüense llamado Mario Bernhein. El programa fue denominado ZunZuneo, en alusión al pájaro zun zun, cual es el nombre criollo del gorrión en Cuba y por el zumbido que esta avecilla produce al batir sus alas velozmente.
Lamentablemente, según se desprende de la misma información, el mencionado proyecto ya no existe, lo cual significa que fracasó o fue suspendido a pesar de que supuestamente llegó a tener hasta cuarenta mil suscriptores en red, en el interior de Cuba.
Según la AP, la red del ZunZuneo tendría el propósito de convocar a la población para que se lanzara a las calles a derrocar a la dictadura comunista de los hermanos Castro, igual que ha ocurrido en otros países gobernados por dictaduras. O sea que se parte del criterio de que las movilizaciones sociales que han ocurrido en los países árabes, Ucrania, Brasil y Venezuela, entre otros (en algunos de ellos con el resultado de que los gobiernos fueron derrocados por la población), se han debido a la comunicación por medio de las redes sociales y no a las condiciones socioeconómicas, culturales y políticas que son las que realmente motivan y siempre han motivado a la gente a rebelarse, derrocar gobiernos y hacer revoluciones.
Es posible que los expertos de la AID, los que concibieron el ZunZuneo, hayan creído la historieta de que la internet y las redes sociales tienen el poder mágico de sacar las multitudes a las calles para derrocar a los gobiernos autoritarios. Historieta, decimos, porque si las redes sociales tuvieran esa facultad maravillosa, en Nicaragua la gente que adversa al régimen de Daniel Ortega ya se hubiera lanzado a las calles desde hace mucho tiempo. Y lo mismo hubiera ocurrido en otros países en los que también hay regímenes autoritarios y la internet y las redes sociales no son tan restringidas como en Cuba o Corea del Norte.
Pero el solo hecho de que Estados Unidos, por medio de la AID haya querido ayudar a los cubanos comunes y corrientes, a comunicarse por medio de una red social de internet o telefonía celular, es encomiable. Lo deplorable es que el proyecto no se continuara hasta sus últimas consecuencias. En realidad, así como es plausible que la AID ayude a promover la salud reproductiva, edificar escuelas y centros de salud, etc., también es muy importante que apoye a la gente que vive en países, como Cuba, para que puedan ejercer ese derecho humano elemental que es comunicarse unas personas con las otras.
El derecho y la libertad de comunicarse trasciende lo político. La comunicación es un proceso peculiarmente humano y social que se desarrolla ante todo mediante el intercambio de mensajes. La comunicación es un mecanismo humanizante indispensable para la formación de identidades individuales y la transmisión de cultura.
Qué bueno, por eso, que la AID se hubiera atrevido a crear una red de comunicación humana y social en Cuba, la sociedad más incomunicada de las Américas. Y qué malo que ese proyecto se haya descontinuado antes de que la dictadura castrista lo reprimiera y desmantelara.
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