Josué Bravo
Corresponsal/Costa Rica
La comunidad nicaragüense en Costa Rica no es ajena al proceso electoral que designa al presidente de los próximos 4 años de este país. Votantes o no se mantienen esperanzados en un cambio que permita crecimiento económico y más empleo; mejores relaciones con Nicaragua y flexibilidad migratoria a los inmigrantes, el tema ausente en la campaña.
La presidencia la disputaron Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadano (PAC) y Johnny Araya, del gobernante Liberación Nacional (PLN); en una fría segunda ronda electoral marcada por el abstencionismo y la esperanza generalizada de un cambio con mejor economía, cero escándalos de corrupción y disminución de la pobreza.
Como lo hizo en primera ronda el pasado 2 de febrero, el joven nicaragüense naturalizado Douglas Angulo, votó por Solís, cansado del “descalabro” del gobierno de Laura Chinchilla y con el deseo de que haya más empleo, sobre todo para los nicaragüenses que se volvió escaso.
“Ya no más gobierno de liberación (PLN), lo mejor es un cambio, que nos ayude a los nicaragüenses”, dijo Angulo.
Según el padrón electoral, 25 mil 87 nicaragüenses naturalizados en este país estaban citados a votar, de un universo de 3,1 millones de electores. Aunque no puede ejercer el sufragio, por no ser naturalizado, Aura Espinoza, desea un cambio para el país y que el futuro gobernante pueda promover políticas más afables a los nicaragüenses.
“Para nosotros cada vez cuesta más hallar trabajo, antes era más fácil trabajar de doméstica o en construcción para los hombres, pero ahora por los papeles y falta de oportunidades no se puede”, explicó. “Queremos un presidente que pueda mejorar la relación con Nicaragua, para que quizá así se puedan mejoras las condiciones para nosotros”, dijo Pedro Pablo Rodríguez, un obrero de la construcción. El debate sobre la migración fue nulo en la campaña electoral que llegó a su fin.
El conflicto con Nicaragua se abordó desde la perspectiva de un eventual diálogo con Daniel Ortega y la crítica por lo que llaman invasión de Nicaragua a su territorio pro el dragado del río San Juan. Los costarricenses viven apáticos y hasta molestos este proceso electoral tras el desgaste del gobierno de Laura Chinchilla, considerado el más impopular en los últimos 20 años, ineficiente y con escándalos de corrupción.
En una lucha contra reloj, los candidatos se esforzaron hasta el último momento para convocar a los electores, donde Araya apelaba a la suerte en busca de un remoto resultado favorable.
Chinchilla deja un país con un déficit fiscal cercano al 6%, una deuda interna que ronda el 70% del PIB, amplia brecha social, deficiencias en infraestructura y con un 20% de la población en niveles de pobreza que no ha variado en muchos años.
Según el analista Mauricio Garita, el próximo presidente de Costa Rica tiene que lograr mayor captación de recursos para contrarrestar la deuda, mejorar el manejo de las finanzas públicas y no afectar el modelo de política social en un país de casi 5 millones de habitantes donde los niveles de pobreza alcanzan el 20%.
En política exterior, según el analista Gustavo Araya, es integrar a Costa Rica al escenario centroamericano, más allá de temas migratorios o de seguridad y narcotráfico; desanjuanizar las relaciones con Nicaragua; y evitar la firma de tratados de manera compulsiva, proponiendo temas más allá de lo económico con predominio de lo político, cultural y ambiental.
La misión de observadores de la OEA destacó el ambiente en paz y democracia con el cual se vivió la elección. El Tribunal Supremo de Eelecciones anunció que el primero informe sobre resultados con un aproximado del 9% de mesas escrutadas será entre 8:10 y 8:15 de la noche.