María José Zamora Solórzano
No se equivoque por favor, no es a Daniel Ortega a quien presentaré. Estaría de más hablar de alguien tan conocido, lamentablemente por el daño que hizo y hace a Nicaragua, por abusar y lucrarse del poder, que sin escrúpulos arrebató en este país de liderazgos corruptos y oportunistas, igual que él.
El Daniel sobre el cual escribo en este artículo ; es un idealista, honesto y transparente, que ama a su país. Un hombre lleno de vida que decidió dedicarla a una causa justa; a lograr bienestar, libertad y democracia para su país, para sus compatriotas.
Este Daniel que describo también tiene poder; pero es un poder que se ganó limpiamente, que se lo dio la ciudadanía; no lo obtuvo a través de un fraude; ni por comprar votos o la conciencia de funcionarios-títeres; tampoco se ha aprovechado de su posición para enriquecerse con negocios a la sombra del poder, e instalar un sistema corrupto que le asegure el servilismo necesario para gobernar por tiempo indefinido.
Este Daniel es mi amigo, en solidaridad, en democracia, en libertad. Compartimos el sueño de una Latinoamérica desarrollada, educada, libre y con un futuro brillante; lista para brindar a sus ciudadanos todas las oportunidades posibles para crecer económica, social y políticamente. Daniel, mi amigo, no miente, y no sé si internamente tendrá o no temor, pero lo cierto es que yo he visto cómo valientemente señala la corrupción y denuncia el abuso y el autoritarismo del dictador. Un dictador que sí tiene miedo, y tanto, que independientemente de todo su poder, se muestra débil, e igual que lo hacen los cobardes; ha mandado a reprimir a manifestantes pacíficos, con balas de plomo; disparadas por miembros del ejército o grupos paramilitares ordenados por el mismo gobierno.
Quizá se confunde usted, y no me extraña, creyendo que cuando hablo de un dictador que cobardemente envía a disolver una manifestación pacífica, me estoy refiriendo a Daniel Ortega y al ataque que sus turbas suelen perpetrar contra manifestaciones pacíficas como la protagonizada contra los jóvenes que apoyaron la protesta pacífica de los ancianos del INSS, hace varios meses atrás; con la complacencia y hasta complicidad, de la Policía Nacional.
No, no es al dictador Ortega al que me refiero, sino a su compinche y benefactor. Nicolás Maduro, el que tiene preso a mi amigo Daniel Ceballos; quien fuera electo alcalde de su ciudad, San Cristóbal, con el 68.7 por ciento de los votos, situación que puso a temblar a Maduro, quien tiene miedo hasta de su sombra.
Y es por eso, realmente, no por las razones que inventa el chavismo, que el 25 de marzo Daniel Ceballos fue sentenciado a 12 meses de prisión, además de ser removido inconstitucional e ilegalmente de su cargo de Alcalde.
Mi amigo Daniel, obviamente no tiene defensa ante la desvirtuada justicia venezolana, pero sí cuenta con el apoyo de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia; organización que tiene presencia, a través de sus miembros, en toda América Latina, y de todos sus amigos y amigas; que al igual que yo, le envían un abrazo solidario y el compromiso de unirnos para procurar su pronta libertad. La autora es psicóloga.