Humberto Belli Pereira
Cuando se anunció que Ortega había aceptado dialogar con los obispos cundió el optimismo. Muchos pensaban, en base a pasados señalamientos críticos de la Conferencia Episcopal Nicaragüense (CEN), que entre los temas de agenda figurarían la institucionalidad y probidad en la administración pública. Hoy, tras ciertas cautelas expresadas por el cardenal Brenes y monseñor Silvio Báez, algunos se sienten confundidos o desalentados.
El primero advirtió que “nuestro diálogo va desde las inquietudes como pastores, lo político que lo vean los políticos, y lo económico que lo vean los economistas”. El segundo, por su parte, comentó que los obispos están disponibles para hablar en favor de Nicaragua. “¡Pero población y dirigentes políticos no carguen sobre nosotros lo que toca a ustedes!”. ¿Quieren decir que la Conferencia Episcopal no llevará al diálogo temas como los señalados antes? Aunque una repuesta cabal a esta interrogante tendrá que provenir de los propios obispos, es importante aclarar que las cautelas que ellos han expresado hasta la fecha no excluyen sino que matizan el abordaje de temas vinculados con la política.
Monseñor Báez, por ejemplo, explicó en su mensaje que “la Iglesia no ofrece soluciones técnicas y no instituye ni propone sistemas o modelos de organización social (Sollicitudo rei socialis, 41), Eso, efectivamente, como ha enseñado por muchos años el magisterio, corresponde a los laicos. Pero con ello no quiere decir que esté implicando que sea impropio de la Iglesia abordar temas de orden político o social. La misma CEN lo afirmó sin ambigüedad en su mensaje de noviembre del 2010. “La Iglesia tampoco desea quedarse al margen de la búsqueda y la construcción de la justicia y de la paz, iluminando y abriendo la inteligencia y estimulando fuerzas espirituales que llevan a abrir la voluntad a las exigencias del bien y la verdad.” (cf. Deus Caritas est, 28). “La palabra de la Iglesia en materia social y política no es, pues, una intrusión abusiva, sino un servicio a la formación de las conciencias en la política”.
En dicha ocasión la CEN no fue tímida en expresar fuertes opiniones en temas vinculados con la política. Entonces los obispos escribieron: “La ley sigue siendo paradójicamente un mecanismo para legitimar abusos y hacer pasar por legal lo que es ilegal; el “derecho” parece ser cada vez más un instrumento para legalizar en modo artificioso las estructuras de poder y las ambiciones personales; el “Estado” da la impresión de ser un entramado de instituciones al servicio de intereses particulares y de grupo. Toda esta situación tiene graves repercusiones para el desarrollo económico del país, la solución sostenida de los grandes problemas sociales y la gobernabilidad estable a largo plazo”. Lo que sería impropio para la Iglesia —pues corresponde a los laicos— es prescribir las medidas concretas que deben adoptarse para remediar esta situación; como sería proponer, por ejemplo, un sistema bicameral en lugar del actual, o sistemas de elección alternativos para los diputados, o sugerir personas determinadas para ocupar ciertos cargos. Hacerlo sería caer en el viejo y dañino clericalismo.
Es de esperarse pues que los obispos, sin descender a detalles de implementación, planteen a Ortega algunos de los temas que como pastores, preocupados por el bien temporal y espiritual de su nación, han venido abordando públicamente en los últimos años. A ellos corresponde decidirlo si lo ven pertinente.
La agenda definitiva que el CEN presentará a Ortega está todavía por definirse. Ellos mismos han reconocido que tendrán que reunirse para consensuarla. Es posible, entonces, que consideren oportuno compartirla con la feligresía, y el público en general. Mientras tanto podemos acompañarlos con nuestra confianza y oraciones.
El autor es sociólogo, fue ministro de Educación.