Iván de Jesús Pereira
No lo digo yo, queridos amigos, lo dice el ministro alemán del exterior, Frank-Walter Steinmeier, al expresar su inquietud por el movimiento de fronteras en Europa y su capacidad para “abrir la caja de Pandora”. “Ahora está claro que Rusia actúa mucho más como un adversario que como un socio”, aseguró recientemente, el máximo responsable militar para Europa, Philip Breedlove. Si es cierto que esto no es la “guerra fría”, pero las implicancias de las ambiciones rusas, son enormes.
Si nos vamos a las cifras económicas, la actitud rusa no tiene lógica. Rusia hoy por hoy ya no es la súper potencia después de la guerra. El PIB de Rusia (dos billones de dólares) es del mismo tamaño que el de Italia (un país en retraso dentro de la economía europea). Una cuarta parte del PIB chino y un octavo del PIB norteamericano, algo irrelevante a nivel mundial como lo demuestra Andrea Rizzi en su artículo “Una súper potencia con el PIB de Italia”.
Pero la dependencia de las dos economías es enorme: porque las economías rusa y europea están cada vez más entrelazadas, así lo demuestra Lucía Abellán en su artículo: “Europa ensaya un difícil alejamiento de Rusia”: “Rusia es el tercer socio comercial de la UE y ninguno de los dos bloques puede prescindir fácilmente del otro. Más de la mitad de las exportaciones rusas se dirigen a los países comunitarios, mientras estos compran a los vecinos rusos el 30 por ciento del gas que consumen (un porcentaje, pese a todo, algo inferior al de hace unos años). En el caso de los países del Este, la dependencia energética es casi absoluta”.
Bruselas puede hacer mucho daño en materia de visados y de cooperación económica. Una pequeña muestra es el gesto reciente de Alemania. El súper ministro de Economía y vicecanciller Sigmar Gabriel dio órdenes de paralizar la venta de un centro dotado de aparatos para la simulación de combate para el Ejército ruso que debía llevar a cabo el consorcio Rheinmetall en ese país. Según Rheinmetall (véase el artículo de Enrique Müller: “Alemania bloquea la venta de material militar a Rusia en El País) el centro de entrenamiento reunía las técnicas más modernas para adiestrar a los soldados y oficiales del Ejército ruso. El proyecto tenía un coste de 120 millones de euros.
La crisis tiene en alerta a las dos economías. “Más de 6,000 empresas tienen representación en Rusia con inversiones estimadas en más de 20,000 millones de euros y unos 300,000 puestos de trabajo en Alemania dependen de las buenas relaciones económicas entre Berlín y Moscú”.
En el mismo orden se coloca Francia al anunciar su ministro de defensa Jean-Yves Le Drian, después de lo de Crimea, la posible suspensión de la venta de dos buques de guerra de tipo Mistral (buques de asalto anfibio, porta helicópteros capaces de trasportar 40 tanques Leclerce) fabricados por dicha nación a Rusia con el objeto de modernizar su flota con un valor de 1,200 millones de euros.
A primera vista Putin ha ganado la partida, ni Europa ni los Estados Unidos pueden hacer mucho en términos de movilización de tropas o gestos de fuerza. Pero a mediano y largo plazo, creo que el presidente ruso se ha dejado llevar por su nostalgia histórico imperial, y ha hecho un mal cálculo en su jugada.
Su sueño de crear la unión económica y aduanera “Euroasiática” (compuesta por Bielorrusia, Kazajistán y Rusia) se desintegra en pedazos. La joya de la corona de esa unión era Ucrania, y con todo esto, es cierto que ganó Crimea pero ha perdido definitivamente a Ucrania, a la que Crimea le representa en su PIB un insignificante 3 por ciento.
Europa y Estados Unidos darán la pelea haciendo todo lo posible para que Ucrania se estabilice y se convierta en lo que hoy es Polonia, la República Checa, y las naciones que han surgido de lo que fue Yugoslavia, después de la guerra. Naciones prósperas, con democracias abiertas en donde el desarrollo capitalista impera junto al estado de derecho. Si esto sucede.
¡Ya veremos lo que pasará en Rusia!
El autor es abogado.