LOS ANGELES/AFP
Las autoridades reiteraron el viernes que el saldo de víctimas tras el alud en el noroeste de Estados Unidos hace casi una semana aumentaría, aunque no dieron cifras sobre la magnitud de la catástrofe.
El balance oficial del deslizamiento de terreno que afectó el pueblo de Oso en la región de Seattle, era hasta la fecha de 17 muertos identificados y 90 desaparecidos. Pero las autoridades habían anunciado a principios de semana el hallazgo de ocho cuerpos adicionales.
La mañana del jueves, el jefe de bomberos Travis Hots había adelantado que el balance aumentaría «sustancialmente» en el correr de la jornada. Pero el viernes no confirmó ninguna muerte más.
No obstante, reconoció que otros cuerpos fueron extraídos del barro, pero que permanecían a cargo de los médicos forenses y que sólo éstos podían anunciar oficialmente los decesos.
«Las cifras que doy son las del instituto médico forense. Es el procedimiento», dijo, al añadir que recibiría nuevos datos la tarde del viernes.
Consultado reiteradas veces sobre la actualización del balance oficial de víctimas, contestó: «Es una situación difícil para la gente que perdió a sus familiares. No es tan simple como decir: 'Bueno, aquí tienen las cifras'».
Al menos 90 personas siguen desaparecidas en el pueblo barrido por un deslizamiento de barro después de que se derrumbara un cerro. Unos 200 socorristas profesionales y voluntarios no hallaron a ningún sobreviviente desde el sábado.
Entre las tragedias personales figura la de Natasha Huestis, cuya madre y su hija de cuatro meses, Sanoah Violet, forman parte de los muertos confirmados. La niña había sido dejada al cuidado de su abuela, cuya vivienda se encontraba en el camino del alud.
Gary McPherson, de 81 años, leía el diario junto a su mujer Linda, de 69, cuando la catástrofe barrió su vivienda. Gary sobrevivió, protegido al parecer por la pesada silla de madera en la que estaba sentado, pero Linda falleció.
«Antes de la llegada de los socorristas había podido hacer un hueco, por donde veía el cielo, y llamaba a mi madre, que estaba a su lado pero que nunca llegó a responderle», comentó su hija Kate, de 38 años, al Los Angeles Times.
Medio centenar de casas quedaron devastadas por el barro, que también cortó una autopista y llevó consigo muchos vehículos.
Las persistentes lluvias y el viento dificultaron el viernes las tareas de rescate.