Arte oriental

Allá por 1929, el periodista y escritor gallego Julio Camba escribía, en su delicioso libro La casa de Lúculo o el arte de comer, que los intentos de comerse unos espaguetis del comensal no habituado enrollándolos correctamente en el tenedor “distraerán a sus vecinos de mesa con un bonito número de circo”.

Allá por 1929, el periodista y escritor gallego Julio Camba escribía, en su delicioso libro La casa de Lúculo o el arte de comer, que los intentos de comerse unos espaguetis del comensal no habituado enrollándolos correctamente en el tenedor “distraerán a sus vecinos de mesa con un bonito número de circo”.

 

Hoy la cocina italiana en general y los espaguetis en particular se conocen en todo el mundo (occidental, al menos) y la gente le ha tomado el punto al arte de formar con los cordoncillos (traducción literal de “spaghetti”) un ovillo de dimensiones adecuadas sin más instrumento que el tenedor, un cubierto que no es extraño que fuese en Italia en donde primero se impuso, ya que no hay nada mejor que un tenedor para enrollar los espaguetis.

 

Ahora el espectáculo lo suelen dar los occidentales no avezados cuando se enfrentan, en un restaurante oriental, a los palillos. Hasta ahora, muchos de ellos, al llegar al chino de la esquina, solían pedir con más o menos timidez cubiertos occidentales y, al cabo de un rato prudente de espera, pan. Ya van entendiendo que ni una cosa ni otra son propias de la cocina china, ni de la japonesa, ni de la tailandesa, ni de la vietnamita.

 

Palillos. Los chinos los usan desde mucho antes de que los venecianos adoptaran el tenedor, y como un milenio antes de que los japoneses dejasen de comer con la mano para hacerlo con palillos. Naturalmente, el uso de palillos condiciona la preparación de la comida, que ha de llegar a la mesa cortada en trozos que puedan llevarse a la boca con esos instrumentos. De manera que en las cocinas de la cultura del palillo no se lleva a la mesa la batería de cubiertos (cucharas, tenedores y cuchillos) que usamos en Occidente.

 

TRADICIÓN

 

No sé explicarles por escrito cómo usar los palillos; es una de esas cosas que hay que aprender viéndolas.

 

Les recordaré que nunca deben dejar los palillos “clavados” en el plato, ni “apuntar” con ellos a otro comensal.

 

Los palillos de madera deben ser personales; a nadie le gusta usar palillos que haya usado otra persona, por razones más psicológicas que higiénicas.

 

 

 

 

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí