ACAN-EFE
El presidente Daniel Ortega mantiene un discurso “antimperialista”, lleno de retórica y verbo encendido contra Estados Unidos, aunque en la práctica se ha convertido en uno de sus principales colaboradores en materia de seguridad.
En una semana Ortega señala al gobierno de Panamá de ser “vocero de los intereses del imperio”, en referencia a Estados Unidos y por su posición en cuanto a la situación de violencia que vive Venezuela; y entrega a la estadounidense de origen cubano Ana Sol Alliegro, buscada por el FBI por donación ilícita para campañas electorales.
O bien Ortega pasa de hacer eco de las denuncias de su colega de Venezuela, Nicolás Maduro, sobre supuesta hostilidad de Washington, a detener y deportar al estadounidense Eric Justin Toth, un exprofesor acusado de poseer y producir pornografía infantil y uno de los diez delincuentes más buscados por el FBI.
“La cooperación y auxilio que el Gobierno de Nicaragua ha prestado a Estados Unidos en la búsqueda, captura y repatriación de personas buscadas por delitos en aquella nación, no tiene precedentes”, anota el boletín electrónico Informe Pastrán.
En menos de un año, las autoridades nicaragüenses han detenido y deportado a Estados Unidos a al menos cuatro fugitivos, entre ellos Toth y Alliegro.
“Tenemos una buena coordinación y cooperación (con Washington) en el campo del combate al narcotráfico y el crimen organizado”, dijo Ortega cuando recibió las cartas credenciales de la embajadora norteamericana Phyllis Powers, en mayo de 2012.
Ortega fue enconado rival de Estados Unidos en los años ochenta y ahora se presenta como un gobernante aliado de una parte de la jerarquía católica y que puede mantener al mismo tiempo relaciones tanto con Irán, Rusia, Cuba y Venezuela como con EE.UU., la Unión Europea y Taiwán.
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