Por Delwing Cruz Medina
Mediodía. Mis piernas, esas fieles compañeras, parecieran rendirse. Mientras la música sonaba sentía que el corazón se me salía. El aire me faltaba. Tuve que acostarme sobre el tabloncillo de unos de los salones de la Academia Nicaragüense de la Danza para recuperar el color que había perdido. Respiré profundamente y saqué fuerzas para seguir con el ensayo.
Mientras me recuperaba recordé que siempre he apoyado el Teletón de alguna manera. Hace más de 12 años colaborando con el dinero que mi mama me daba para ir al colegio. Luego, desde la calle con mi alcancía en mano. Luego, escribiendo notas para la divulgación del mismo, pero jamás me imaginé haciéndolo bailando.
Así comenzó el reto, cuando hace algunas semanas acepté, o mejor dicho osé, ser parte del elenco de Bailando por Teletón sin ser bailarín. Aunque no lo crean, juro que lo dudé por un momento. Fue luego de un par de llamadas que dije sí a la invitación. Confieso que fue cansado, pero las ganas y motivación por hacer las cosas bien hicieron mis días de ensayo junto a mi compañera de baile, Shirley Gómez, presentadora de Senderos y Destinos de Vos TV, terminaran con éxito. Haber cambiado mi grabadora y mi libreta por unas zapatillas de jazz, de esas que de niño soñaba con tener, valió la pena.
Y es que siempre me ha gustado bailar, pero nunca lo he hecho profesionalmente. Al inicio fue lo más divertido. “Shirley hacé cambré”, decía la profesora Ada Ortiz, nuestra coreógrafa. ¿Qué es eso?, nos preguntamos. “Cambré es indicar la inclinación del tronco hacia atrás”, nos explicó. Y así aprendimos un poco de todo. Ahora hablamos de conteo en blancas o negras, cargadas, relevé, líneas de brazos, pie en cuarta posición, y muchos otros términos que eran desconocidos.
También nos tocó aprendernos tres coreografías para los bailes tropical, clásico y urbano. Probarnos vestuarios, peinados y maquillaje. Cada mix de canciones, dos minutos, todo fríamente calculado. No podía haber errores, los pasos debían ser exactos, milimetrados, coordinados, Nicaragua entera nos miraría por televisión.
Siempre sentí nervios, siempre sentí temor. Tendría que bailar, cargar, tener a las cámaras encima y pensar que todo el país nos vería me hacía sudar más todavía. Pero pensar en las palabras del coreógrafo Franck Larios siempre me daban seguridad: “Cuando yo veo a alguien bailar con pasión me olvido de la técnica. Bailen con pasión, disfruten el escenario. Ese será su momento”.
Sabía que el día que nos tocara salir al escenario teníamos que entregarnos por completo, lucir seguros, lucir como verdaderos bailarines. Sabía que tendríamos que cuidarnos como pareja como siempre nos los dijo nuestra coreógrafa.
Lambada, luego viene la samba, después de ocho tiempos de iniciar la canción de Timber de Pitbull y Kesha, toca cargar a Shirley. Cargar una, dos, tres veces; dar vueltas, saltar, zangolotearme de un lado a otro. Sudar y sudar. Los ensayos me han dejado tirado sobre el tabloncillo más de una vez. Mi espalda sufre las consecuencias. Sin fuerza, mis piernas y mis brazos no dan para más, pero parar nunca fue una opción, me había comprometido a hacerlo por los niños, niñas y adolescentes con discapacidad que forman parte de la Asociación de Padres de Familia con Hijos Discapacitados. Entre ellos está Yorleny, una niña de 14 años con síndrome de Down que se robó mi corazón desde la primera vez que la vi.
Fueron semanas de trabajo intensas, los mediodías bailando en la Academia de Danza, las bromas de Shirley, salir corriendo al trabajo, los regaños de la profe Ada.
Todo ha valido la pena, todo tiene sentido. Ver a Yorleny sonreír y saber que con mi adrenalina, baile y locura aporté un granito de arena para su vida y para la de otros pequeños llena mi corazón. Todo ha valido la pena. Teletón3 cumplió su misión.
Ver en la versión impresa las paginas: 31