Cartas al Director

¿Son realmente sandinistas los empleados públicos?

 

En ocasión de la reciente celebración del deceso de Hugo Chávez, observamos cómo las rotondas en especial la dedicada a Chávez, donde se encuentra un monumento a su memoria (monumento, que dicho sea de paso es un adefesio para el arte público monumental), fueron ocupadas por empleados públicos rindiéndole homenaje.

 

Pero esto no hace suficiente prueba de que los hombres y mujeres que trabajan para el Estado sean en realidad sandinistas convencidos y sinceros. Es más, puede decirse que en el fondo hay un sentimiento de desprecio para quien los obliga con su poder a limitar sus opiniones y su libertad, con el fin de poder conservar su puesto.

 

Un empleado puede tener mucho aprecio para su patrón o por su jefe, siempre que, además del sueldo y de la oportunidad de trabajo que le proporciona, deje su libertad y su voluntad libre en aquellos aspectos de la vida que no están directamente relacionados con su trabajo. De lo contrario, por más muestras que dé el empleado de solidaridad con su jefe, en el fondo su espíritu se aleja cada vez más y la lealtad es solo aparente.

 

¿Podrá ser sandinista aquel padre de familia que con su sueldo apenas tiene para vivir y además tiene que rotondear, y en algunas ocasiones, aportar de su escuálido salario para contribuir con el partido o con el cumpleaños del jefe?

 

¿Será realmente sandinista el empleado que debe defender al régimen cada vez que alguien condena las arbitrariedades de la administración pública, aún cuando él sabe que la crítica es fundada y justa?

 

¿Por qué será que este Gobierno carece en sus filas de intelectuales? Y si hay, uno que otro, tendrán que trabajar en un ostracismo, ya que tienen hambre y una familia que mantener.

 

El empleado público es un nicaragüense como cualquier otro, y como todos los demás hombres libres de la nación, está suficientemente informado y convencido de que el Gobierno es un verdadero desastre, lleno de arbitrariedades, nepotismo y de favoritismos inconcebibles.

 

Esto provoca sentimientos tremendamente vergonzosos en la íntima conciencia del empleado público, especialmente en aquellos que tienen cierta responsabilidad.

 

Martín Casco Pérez

 

Festival de poesía en Acoyapa

 

Chontales, tierra de campistos que son centauros; tierra del prodigioso canto, gestores y promotores de la chontaleñidad, entre otros pilares de la cultura: Josefa T. de Aguerri, Carlos A. Bravo, Octavio Robleto, Guillermo Rothschuh Tablada, Róger Matus Lazo, Omar J. Lazo, León Núñez. En cada aldea —de Villa Sandino, Douglas Blanco Aragón, al pie de la metáfora— un alma de poeta ondea su voz y enaltece el espíritu de su pueblo.

 

Para la intelectualidad chontaleña, por eso, es regocijante que el escritor León Núñez solicitara a la Fundación Esquipulas organizar el Festival de Poesía en Acoyapa, tierra natal del pintor universal Cayetano Ruiz Ibargüen y del escritor Cristino Paguaga Núñez, sus parientes. Primero porque los festivales de poesía deberían bajar a nuestros pueblos y comarcas privados de este banquete y elogiar a sus mejores sembradores. Segundo porque Acoyapa, la primera ciudad (11 de febrero, 1862) y cabecera (en dos periodos: 1858-1865; 1866-1877) de Chontales está sedienta de una lluvia de versos en sus calles y campos para estimular nuevos valores.

 

Que el poeta Ariel Montoya, presidente de la Fundación Esquipulas, anote en la agenda el festival de poesía en Acoyapa y convoque a los poetas nacionales, y mejor aún, en homenaje al más representativo escritor de Acoyapa, León Núñez, autor de sátiras y comedias con sello particular, mordaz, lúdico, auténtica expresión literaria, inconfundible en su género, obras que develan el brío del poeta del humor.

 

La pluma briosa de León Núñez, de enunciación crítica, está comprometida con el pensamiento libre del pueblo y del arte, de imaginación creadora, portavoz de un tema social, político y cultural nacional, perdurable, vívido y potente, capaz de lograr reacciones símiles y opuestas, controlando el miedo, la reflexión y la voz de sus personajes, con escenarios, diálogos y monólogos sacados de su alforja, y despuntando un rico material lingüístico: aldeano de su natal Acoyapa y chontaleño por extensión, abundante en creatividad y maestría en el manejo de los recursos poéticos —antítesis, hipérbole, metáfora, alegoría, ironía, paradoja, paralelismo, etopeya, eufemismo, disfemismo, etc. — con la perspectiva aguda de la observación y punzante — no de soslayo en la referencia figurativa de la actualidad, y de ipegüe, el debate metalingüístico, neologismos y querellas semánticas.

 

Por eso el poeta Ariel Montoya hará bien al organizar el festival de poesía en Acoyapa en homenaje — muy merecido, a criterio de los poetas chontaleños— al escritor acoyapino León Núñez, el alma fecunda del poeta del humor.

 

Wilfredo Espinoza Lazo, poeta e historiador chontaleño.

 

Jubilado denuncia represión del INSS

 

El INSS considera su enemigo al jubilado que no es sandinista y si se le agrega que escribe frecuentemente contra el gobierno frentista, entonces para el INSS es un jubilado-fusilado. Desde hace dos años vengo luchando contra los amos y señores del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), para que reparen la injusticia que cometen en contra mía y mi familia al mantenerme un embargo ilegal del ciento por ciento sobre mi pensión de vejez, a pesar de que la misma Ley del INSS en su artículo 108 determina que el máximo embargable a una pensión de jubilado es del cincuenta por ciento.

 

En efecto, la Ley Orgánica de Seguridad Social de Nicaragua. Decreto No. 974. en su Arto. 108, expresa: “Las prestaciones en dinero que otorgue el Instituto no podrán ser cedidas, compensadas ni gravadas.

 

Como excepción, podrá embargarse o retenerse hasta el cincuenta por ciento, para atender el pago de pensiones alimenticias”.

 

Pero debido a la perversa aplicación del INSS mi pensión de vejez fue reducida hasta menos del salario mínimo, el que dicho sea de paso es inembargable según la Constitución ya reformada.

 

El INSS se ha abanicado con estas disposiciones y no solo ha afectado mi pensión en más del ciento por ciento, sino que al sobreembargar mi pensión de vejez, ha afectado también las asignaciones familiares que se otorgan como beneficios adicionales al Seguro de Vejez, de acuerdo con lo que establece el Arto. 47 de la Ley General de Seguridad Social, que establece que los familiares de los pensionados por vejez, recibirán el 15 por ciento por la esposa y el diez por ciento por cada hijo menor de 15 años.

 

El INSS ni siquiera ha respetado que soy una persona valetudinaria, que padezco de diabetes tipo II, dependiente de insulina, hipertensión arterial, insuficiencia venosa e insuficiencia renal crónica que me tiene al borde del tratamiento de diálisis. Cuatro enfermedades crónicas que han sido certificadas por la doctora Mercedes Alemán, médico forense de Masaya, y la doctora Sara Mora, del Instituto de Medicina Legal de Managua, que han hecho constar que padezco una serie de enfermedades crónicas que en cualquier momento pueden complicarse médicamente.

 

Pero seguiré luchando. Una vez agotadas todas las acciones legales correspondientes espero llevar mi caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), donde espero que se repare esta injusticia y se obligue al Estado de Nicaragua a repararme los daños que el INSS me ha ocasionado.

 

Erick Ramírez Benavente

Editorial Hugo Chávez Poesía archivo
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