Freddy Blandón
Desde el mes de febrero en la agenda nacional y de los medios de comunicación se ha dado prioridad y cobertura periodística —que no es periodismo investigativo ni económico— al tema de la negociación del salario mínimo que año con año realizan empleadores, trabajadores y Gobierno.
Esa negociación y la forma en que se enfoca por los medios han llevado a una “trampa”, por cuanto las variables y criterios sobre los que se discute no son los correctos, y por ello, debe entenderse, que no se avanza.
Una de esas variables es la Canasta Básica, la cual conforme la ley es una “referencia” más para fijar el salario mínimo, pero que los sindicalistas y los medios han convertido en la principal variable en detrimento de otras tan importantes, como lo son la productividad y la competitividad en cuanto su relevancia para la estabilidad del empleo y la sostenibilidad de las empresas.
El tema no pretendo llevarlo a la discusión legal por cuanto considero no ayudará a comprender lo equivocado del planteamiento, y por ello, me centraré en precisar los problemas que se observan están desvirtuando la discusión del salario mínimo a partir de la carrera —desde ya perdida— por alcanzar una canasta básica ideal de 53 productos.
Lo primero que se debe decir y dejar claro es que la canasta básica desde el punto de vista socioeconómico se utiliza para determinar el “umbral de pobreza” a partir del consumo de la población, que supone determinar si su consumo de “alimentos” está por debajo del mínimo requerido para satisfacer las necesidades vitales (energías y proteínas) de sus miembros.
De ahí que la canasta básica basada en “productos alimenticios” sea muy usada en la actualidad para medir la cantidad de personas pobres en una población y por consiguiente, para dirigir esfuerzos de los gobiernos para el diseño y la evaluación de políticas desarrollo; algo muy distinto a utilizarla para fijar salario mínimo.
En nuestro país actualmente se cuenta con una canasta básica constituida por 53 productos. El subcomponente de la parte de alimentos está constituido por 23 productos, los cuales tomando como referencia un estudio del Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (Incap), permitió que la cantidad de kilocalorías diarias por persona se fijara en 2,455.
El subcomponente “no alimentario” está constituido por 30 productos, los cuales incluyen servicios como agua, luz, tarifa de transporte, así como vestuario y alquiler de vivienda; de ahí el problema. Ya que somos el único país en la región que tenemos una canasta básica que se calcula tomando en cuenta productos “no alimentarios”, determinados además, sin tener una metodología base que permitiera definir una canasta básica de este tipo.
Lo anterior nos llevó “artificialmente” a que a partir del 2007 se presentara un quiebre en la serie del costo de la canasta básica que la ha hecho inalcanzable debido a la introducción de mayores cantidades y nuevos productos y servicios no alimentarios, que duplicó artificialmente su valor.
Ese paso se dio sin haberse resuelto temas de previo, como lo era, entender que es lo que realmente está midiendo la canasta básica no alimentaria y para qué tipo de personas; entender y diferenciar un bien necesario del que no lo es. Pero además se hizo sin adecuar la estructura de la población, sin actualizar la estructura de gasto de los hogares ni reestimar el número de personas en el hogar. Y lo que es peor, sin ajustar las cantidades de bienes y servicios representativos de un consumidor promedio, y sin ocupar una referencia nacional que incluya tanto el nivel urbano como el rural.
Lo acertado con base en lo anterior sería proceder a realizar una revisión metodológica de la composición de la canasta básica, y en particular, de la canasta no alimentaria que facilite a los actores sociales la comprensión de un debate y estudio sobre la canasta básica en general y les permita una definición estrictamente técnica de la misma.
En tanto no exista consenso para dar ese paso, resulta necesario que se proceda a una discusión que centre su objetivo en definir si la canasta básica ha sido definida para representar el comportamiento del gasto real y por tanto un referente más para fijar el salario mínimo en la mesa de negociación en este momento, o por el contrario, es una canasta básica que representa un ideal a alcanzar y por consiguiente, sea un tema de política pública a discutir en otra mesa y en otro momento. El autor es máster en Derecho Público.