Octavio Enríquez

Los soldados de la patria

Muerte de una República puede leerse como una crónica política de nuestro tiempo o el testimonio de un inconforme.

 

No es primera vez que la literatura nos arroja las claves para entender la realidad que nos rodea en Nicaragua. Abro la página 182 de Margarita, está linda la mar , escrita por Sergio Ramírez (Alfaguara, 1998), y veo entrando al general Anastasio Somoza García, el fundador de la dinastía, a la convención del Partido Liberal, donde será ratificado como candidato presidencial. Está en León y el locutor de una radio local lo aguarda para hacerle una breve entrevista en este convulso año de 1956.

 

—¿Es segura su proclamación? le dice, como si hubiesen dudas—. El militar escucha el atronador estallido de pólvora y ve conmovido a la gente.

 

—Yo soy un soldado de la patria. Si la gran convención ordena que vayamos con el mismo hombre, vamos con el mismo hombre— responde refiriéndose a sí mismo.

 

A finales de noviembre de 2013, la teoría del soldado de la patria continúa vigente en Nicaragua y diputados y militares dijeron que siempre ponían de su parte para que al país le fuese mejor. “Haciendo patria” era también el lema escrito sobre la imagen del presidente Daniel Ortega que se multiplica en los rótulos en todo el territorio nacional. El general Julio César Avilés, jefe actual de las fuerzas armadas, se contagió con tan loable misión.

 

Ortega, quien buscaba su reelección indefinida con las reformas constitucionales que serían aprobadas en diciembre y enero pasado, propuso al legislativo que se eliminara la prohibición de la reelección militar establecida en el artículo ocho del viejo código y finalmente así se aprobó. “Yo soy un soldado de la patria y estaré en el lugar que la patria me necesite”, dijo Avilés cuando los reporteros le preguntaron si estaba interesado en el continuismo.

 

En 190 años de vida republicana, no son pocos los gobernantes que dicen haberse inspirado en Nicaragua y, pensando en ella, han recorrido un camino totalmente distinto a su prédica inicial. Muerte de una República (Eduardo Enríquez, 2012) es un libro que cuenta la búsqueda del poder absoluto de parte del secretario general del FSLN. Puede leerse como una crónica política de nuestro tiempo o el testimonio de un inconforme, que es el jefe de redacción del Diario LA PRENSA, una publicación con sabor a autopsia sobre el incipiente proceso democrático nicaragüense.

 

“La República como el sistema de gobierno que nació en Nicaragua el 25 de febrero de 1990 ha muerto”, dice Enríquez. En su lugar, se instaló un régimen absolutista que mantiene una alianza con el sector privado, controla todos los poderes del Estado, tiene poder económico derivado del peso de la cooperación venezolana, más de 2,500 millones de dólares desde 2007 y domina además las alcaldías y ahora los consejos regionales del Caribe.

 

El principal aliado para la destrucción de la confianza en el voto es el Consejo Supremo Electoral, denunciado desde 2008 por fraude a favor del FSLN. El libro de Eduardo traza la ruta difícil de nuestro país, pero le dice a sus hijos que “merecen estar orgullosos de su terruño” e insiste que asumirnos como ciudadanos continúa siendo el antídoto efectivo. El autor es periodista, Ganador del Premio Ortega y Gasset 2011 y del Premio Rey de España, edición XXXI.

 

 

 

 

Editorial patria Soldados archivo

COMENTARIOS

  1. NICARAGUA TRAICIONADA
    Hace 12 años

    otro LIBRO buenisimo es NICARAGUA TRAICIONADA, escrito por el presidente Anastasio Somoza Debayle antes de ser asesinado por un comando terrorista pagado por los asesinos rojinegros (6 millones) para callar las verdades que les decia SOMOZA, asalta bancos, ladrones, cuatreros, secuestradores de aviones y terroristas que nos INVADIAN a NICARAGUA desde COSTA RICA, ahora entiendo el porque MUUUUCHOS no quieren a los TICOS, porque desde alli NOS INVADIAN en los 70’s los mercenarios cubanos sandias

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