Sonia Vanegas*
Las mujeres han progresado de forma importante en la fuerza laboral alrededor del mundo, pero como se ha documentado en diversos estudios, todavía se encuentran significativamente detrás de los hombres.
“En todos los países la tasa de participación femenina en la fuerza laboral es significativamente inferior que la de los hombres”, de acuerdo con un reporte de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). En promedio en los países afiliados a la OCDE, aproximadamente el sesenta por ciento de las mujeres son empleadas.
Las implicaciones de este hecho van más allá de cuestiones de igualdad de género. Dos tendencias están actualmente rediseñando el mundo del trabajo: el predominio creciente del sector servicios y la disminución de la población en edad de trabajar. Estas dos tendencias se agregan a un hecho indiscutible: la escasez global de talento seguirá aumentando.
Puestos de todos los niveles continúan sin ocuparse en campos del sector servicios como: ingeniería, TI y servicios de salud. Para abordar el problema, los gobiernos y las empresas deben averiguar cómo expandir ahora sus fuerzas laborales, y para hacerlo, deben mirar a un grupo demográfico en particular que se encuentra representado de forma desafortunada en la economía formal y que tiene mucho para contribuir: la mujer. Los beneficios de su participación son sorprendentes. “La mejor utilización de la población mundial femenina pudiera incrementar el crecimiento económico, reducir la pobreza, mejorar las condiciones sociales, y ayudar a asegurar un desarrollo sustentable en todos los países”, dice un reporte de la OCDE.
La mujer se está desenvolviendo ya en empleos del sector servicios con relativa facilidad y lo haría probablemente en mayor cantidad si pudiera, pero existen demasiadas barreras para su participación.
Algunas de estas barreras son culturales y por ello, difíciles de resolver con políticas. Pero muchas son estructurales, vestigios de una época en que las semanas de cinco días y cuarenta horas eran la norma, los hombres eran el principal ingreso salarial y solo pocas mujeres trabajaban fuera del hogar. Ese modelo resulta impráctico para mujeres que llevan como principal responsabilidad el cuidado de los niños y otras obligaciones familiares.
Las compañías y países que evolucionen con rapidez e involucren a la mujer en la fuerza de trabajo, tendrán mayor oportunidad de prosperar a largo plazo. Aquellos que no lo hagan lucharán para ser competitivos.
ARGUMENTOS PARA EL CAMBIO
El mundo del trabajo experimenta una transformación, a medida que el sector servicios continúa su ascenso y la necesidad de fuerza laboral es mayor. Diversos economistas opinan que la cantidad de empleos para el sector servicios aumentará al menos quinientos millones entre 2004 y 2015, la inmensa mayoría en Asia, y decenas de millones en Europa, América y el Medio Oriente.
Mientras tanto, en el mundo desarrollado, la población está envejeciendo y la cantidad de jóvenes que se integran a la fuerza laboral está disminuyendo y ninguna economía desarrollada se librará de esta tendencia. Europa, América y partes de Asia se encuentran enfrentando una bomba de tiempo: simplemente no habrá suficientes trabajadores calificados para ocupar los empleos que impulsarán el crecimiento. Debemos expandir la reserva laboral.
(*) Gerente de país ManpowerGroup.
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