¿Qué le pasó al mundo?
Ana Leonor Centeno
Había una vez un mundo de marcianos anaranjados y cafés que tomaban gasolina y comían carbón, todos eran hermanos y se querían mucho, pero había uno del que se burlaban siempre: Pucki Pucki, era el menor de todos y el más feo, tenía la cabeza muy grande para su cuerpo, no era de un solo color como el resto de sus hermanos, su cabeza era anaranjada y su cuerpo café, por eso lo llamaban Fosforín.
Se enojaba mucho y gracias a eso cuando sus hermanos lo molestaban le solían decir “la estrellita está brillando” y se ponían a reír a carcajadas, entonces Pucki corría lo más rápido que podía hasta su nave, la cual tenía la forma de una caja de fósforos y lloraba silenciosamente soltando lágrimas de fuego que caían al suelo disolviéndose lentamente.
Un día, mientras Pucki paseaba por un parque escuchó algo que le llamó la atención:
—…Y Velmer descubrió una fuente de agua para nuestros automóviles.
—¡Increíble, tiene mi respeto!
En ese momento a Pucki se le ocurrió una gran idea: “Voy a descubrir algo tan increíble que me tendrán que respetar”. Y se fue corriendo a su nave, la encendió y partió.
Buscó y buscó pero no encontraba nada lo suficientemente bueno para que lo respetaran.
Pucki muy triste decidió volver a su mundo, ya iba a mitad de camino cuando vio una bola de color azul y verde que giraba alrededor de una cosa de fuego gigante, Pucki sintió curiosidad y decidió ir a esa bola tan extraña.
Aterrizó con cuidado sobre el pasto verde y bajó de su nave cegado por la luz, cuando por fin se acostumbró, logró ver muchos árboles de diferentes tonos de verde, flores de muchos colores, tantos que Pucki no los podía nombrar todos, monos sobre los árboles, aves volando en el cielo y en la Tierra, leones, elefantes, cebras, jirafas y tigres.
Pucki estaba maravillado por todas las cosas que había en este mundo, tan maravillado que ni se dio cuenta que un pequeño tigre se acercó a él.
—¿Qué eres? Le preguntó el pequeño tigre. —Porque tigre no eres.
—Soy Pucki y soy un marciano.
—Yo soy Doroteo, —le dijo el tigre mientras perseguía su cola.
—Dime qué es este lugar.
—Se llama Tierra.
En ese momento Pucki se dio cuenta que eso era lo que había estado buscando desde un principio.
—Espera aquí, ya vuelvo. —Y Salió disparado hacia su mundo.
Cuando llegó, les dijo a todos que había descubierto un nuevo mundo y todos corrieron hasta sus naves para ver lo que había descubierto. Tardaron un día en llegar, pero lo que no sabían era que un día para ellos eran quince años para la Tierra y cuando llegaron todo estaba muy diferente a la primera vez: todo estaba gris y había mucha basura, todas las plantas estaban muertas.
—¿Qué le pasó al mundo?
Todos sus hermanos comenzaron a molestarlo y Pucki comenzó a llorar con sus lágrimas de fuego, sus hermanos se sintieron muy mal, nunca lo habían visto llorar, así que decidieron limpiar todo el mundo para que Pucki se sintiera mejor.
Todos se ayudaron y el mundo quedó como nuevo, desde ese momento nadie molestaba a nadie y Pucki por fin fue aceptado. Pucki vuelve a veces a ver sí el mundo sigue limpio, por eso en ocasiones se miran destellos en el cielo.
Cuento del I Lugar, noveno grado.
La tortuguita soñadora

Lorena
Había una vez una tortuguita llamada Marloth que vivía en el bosque junto al río rodeada de muchos árboles y animales, abundante pasto verde y de todos sus amigos. En el bosque ella era bien soñadora, un día iba caminando por el bosque y se encontró con una golondrina, y la golondrina le preguntó:
—¿Cómo te llamas?
Y Marloth no le contestó y ella le volvió a preguntar —¿Cómo te llamas? —y Marloth preguntó:
—¿Es a mí que me llamas? —y la golondrina contestó:
—Sí es a ti que te llamo, —y Marloth dijo:
—¡Ah! Me llamo Marloth y tú —¿Cómo te llamas?,
—Yo soy una golondrina que vuela por los aires y no tengo nombre, y a ti —¿Qué te pasa?, —¿Por qué vas tan distraída?;
—Es que vengo pensando.
—¿Y en qué piensas, si se puede saber?
—En mis sueños.
—¿Y cuáles son tus sueños?
—Salir algún día a la ciudad y poder descubrirla, volar por los aires y tocar las estrellas.
La golondrina se burló y le dijo: —¿Cómo vas a volar si tú no tienes alas?
—Yo sé que algún día lo voy a lograr, le dijo Marloth, y salió caminando hacia su casa muy molesta, murmurando: —Yo sé que lo puedo hacer.
En eso le salió su amigo Fayper, un conejo café y de ojos azules y le dijo: —¡Hey Marloth!, ¿por qué tan molesta?
—Es que me encontré con una golondrina y se estaba burlando de mí.
—¿Por qué? le preguntó el conejo.
—Porque dijo que nunca iba a poder volar.
—Pero si tú no tienes alas, dijeron todos burlándose de ella.
Marloth se entristeció y al agua del río se metió, a los días Marloth iba de nuevo por el bosque, sus amigos se reían y le decían:
—¡Eai! allá va la tortuga voladora.
Marloth estaba cada vez más entristecida, pero nunca pensó en darse por vencida. Un día en el bosque Marloth oyó gritos de auxilio y ella corrió a asomarse a ver quién era y halló a su amiga la golondrina tirada en el suelo con un ala rota y agonizando. Marloth vino, se la echó en el hombro, la llevó a su casa y la curó.
La golondrina le dio las gracias y se disculpó por haberse burlado de ella, Marloth la disculpó; pero la golondrina se sentía tan agradecida que llamó a sus amigas y agarraron a Marloth de ambas manos y piernas, la elevaron hacia las nubes y la llevaron a la ciudad, la golondrina dijo a Marloth:
—Suerte con tu exploración.
Y así fue como finalmente Marloth cumplió sus sueños.
II Lugar, séptimo grado.
El conejo mágico

Eymy Juvelki Sevilla
Había una vez un conejito llamado Roberto que soñaba en ser como los magos de cine, pero su mamá Lili no lo dejó porque tenía que cuidar a sus hermanitos, Juan, Luis y Mario. Esos son los nombres de sus hermanitos que tenía que cuidar y también sus otros oficios eran: lavar los platos, barrer, cocinar y dormir a sus hermanitos. Después de hacer todo esto podía ir a comer y dormir.
Él se dormía tarde, entonces vio una estrella fugaz y pensó “estrellita bonita concédeme este deseo, yo quiero ser un conejito mágico”, y se quedó dormido. Despertó con una capa mágica y un sombrero mágico, su mamá no sabía que el conejito tenía una capa mágica y un sombrero mágico. Mamá Lili dijo:
—Roberto, despierta ya.
Roberto dijo:
—Ya voy.
El conejo guardó el sombrero mágico y la capa mágica, bajó de su cuarto y dijo:
—Mamá Lili, ¿puedo ser mago?
Y la mamá le dijo:
—¡Roberto sí!
Entonces Roberto, el conejo, le agradeció a su mamá, él les dijo a sus hermanitos:
—Vengan, les enseñaré algo.
Y les enseñó que él era mago y los niños dijeron:
—¡Sí, sí!
Mamá Lili lo llevó al circo para que lo aceptaran como mago mágico, el más mágico de todos los conejos. Su mamá y sus tres hermanitos veían el espectáculo, pero en eso llegó un humano cazando conejos, dijo el hombre:
—¿Dónde hay conejos?
Salió Roberto del circo, pegó un brinco y el humano dijo:
—Allá hay un conejo.
Y dijo un cazador:
—Miren acá hay un conejo.
Con gorro y una capa apareció el conejito, él hizo volar unos cuchillos y los clavó al lado de sus pies, entonces los humanos impresionados y asustados salieron corriendo y el conejito dijo:
—¡Que empiece el circo!
Y colorín colorado este cuento ha terminado y espero que te haya gustado.
III Lugar, cuarto grado.
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