El dolor y el sufrimiento

Luis Sequeira Z.

Todos corremos por la autopista de la vida en busca de la “Felicidad”, hacemos de todo para alcanzarla y todas las decisiones que tomamos en la vida llevan intrínsecamente este propósito. Sin embargo de manera súbita e inesperada en una de las curvas de la autopista se nos presentan un par de acompañantes, que según nuestra manera de juzgar las cosas, los etiquetamos como «indeseables». Estos son el Dolor y el Sufrimiento.

De estos dos acompañantes no queremos saber absolutamente nada y mientras más de lejos pasen de nuestra vida es mejor, pues así no arruinan nuestro viaje. Pero son obstinados y aunque no los queramos en nuestras vidas como acompañantes de viaje en este peregrinar por el mundo, ellos estarán persistentemente asechándonos. Los podemos comparar con aquella asignatura del colegio y universidad difícil y compleja que ningún estudiante quiere llevar, pero que es inevitable cursar para poder graduarnos como profesionales.

El dolor y el sufrimiento forman parte del pensum académico de la universidad de la vida. Queramos o no matricularnos en estas asignaturas tendremos un día que hacerles frente. Ellos se presentan de mil y una manera: La muerte imprevista de un ser muy querido que hace sangrar el corazón, el diagnóstico de un médico anunciándonos la presencia de una grave y larga enfermedad, la infidelidad del cónyuge, la presencia del divorcio; el comportamiento destructivo de un hijo, la quiebra financiera, miembros de la familia sumergidos en la droga y el alcohol, padres que maltratan a sus hijos y que aman mas unos que a otros, traiciones de amigos y colegas de trabajo, etc. ¿Qué hacer Dios mío ante tanto dolor y sufrimiento en mi vida? Me siento al borde de la desesperación que he perdido hasta las ganas de vivir. La vida para mí ha perdido todo brillo, entusiasmo y significado. ¿Será que Dios me está castigando por mi mal comportamiento? ¿No entiendo por qué me suceden estas cosas si le he sido fiel a Dios en todo? ¿Existirá una medicina que me ayude a superar tanto dolor que hay mi vida y en mi corazón?

Solo hay una forma de combatir el dolor y el sufrimiento: enfrentándolo y acogiéndolo. Así lo hizo nuestro Señor y Salvador Jesucristo momentos antes de ser apresado por sus detractores cuando dijo: “Padre mío para ti todo es posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tu”. Confiar en el amor y la sabiduría de Dios es un paso importante para iniciar el proceso de superar el dolor tanto del alma como el físico. Dios no es ajeno e indiferente al drama del dolor y sufrimiento humano, sino por el contrario, lo comprende tanto que se hizo hombre asumiéndolo con toda determinación, valentía y entereza, consciente que el premio final de este padecimiento era la Salvación y Redención del hombre. Mi querido amigo pidámosle a Dios que nos regale el “Don”, la “Gracia”, de saber enfrentar y acoger a estos dos acompañantes cuando llamen a la puerta de nuestra vida. Ellos pueden ser la diferencia entre la vida o la muerte de nuestra alma, siempre que los sepamos acoger.

No cometamos el trágico error (tentación) de rechazarlos con expresiones tales como: ¿Por qué me sucede esto a mí? ya que eso equivale a decir: ¿por qué no mejor le sucede a mi vecino? O bien afirmar: Dios no me ama, por eso me está castigando de esta manera, ya que esto sería culpar y hacer responsable a Dios de mi sufrimiento. Y recordemos siempre: “Dios te ama de manera especial y está muy cerca de ti acompañándote en la prueba y si miras bien dentro de ti lo descubrirás alojado en tu corazón”. El autor es economista

COMENTARIOS

  1. Adán
    Hace 13 años

    Si jesus era dios, no pudo haber sufrido, los dioses no sufren y si sufrió, es porque no era un dios. Mi pregunta es sobre la frase de Jesús al momento más doloroso de su crucificcion cuando dijo «padre, por que me has abandonado». Se daría cuenta de la cruel realidad, que tan sólo era un humano más y que dios no existía?. Por qué si era dios y su padre otro dios, creo que, jamás hubiera dicho esas palabras.

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