Noel Amílcar Gallegos
Sobre el camino polvoso de la comunidad Las Crucitas, al sureste de la ciudad de Niquinohomo, una veintena de pobladores con palas y picos se han dado a la tarea de abrir una zanja donde colocarán nueva tubería con la esperanza de que el agua llegue a sus hogares.
Se intentó conocer la versión de la delegada de Enacal, ingeniera Xiomara Potosme, pero dijeron que no se encontraba en su oficina.
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Trabajar todo un día bajo el ardiente sol no es obstáculo para su misión: cambiar la tubería actual por una más gruesa que pueda abastecer a las casas de ese poblado.
El problema de falta de agua en este poblado se ha ido agudizando cada día más, los niños a veces tienen que ir a la escuela sin bañarse, las amas de casas pasan dificultades al cocinar y en horas de la mañana las romerías de carretas con barriles para acarrear agua es frecuente.
Los vecinos aseguran que obtener agua a través de las tuberías de Enacal es como “sacarse la lotería”, mientras mes a mes las facturas de esta empresa llegan siempre puntuales.
Para que esta gente pueda obtener el vital líquido tienen que viajar varios kilómetros en carretas haladas por bueyes, y pagar hasta cien córdobas por el viaje.
COBROS SIGUEN
“El problema no solo es la falta de agua, sino que los cobros nos vienen como si tuviéramos agua. La delegada de Enacal, Xiomara Potosme, nos dijo en una reunión que sostuvimos aquí, que no iba a haber rebajas y que se tenían que pagar, incluso prohibió que otra gente nos vendiera el agua ante la crisis, porque quien vendiera agua sería multado”, lamentó Juan José Pavón, habitante de esta zona.
Concluyó: “Aunque el Gobierno central tiene un eslogan de vivir bonito y sano, pues aquí no se vive así, porque no tenemos el vital líquido. Ahorita vamos a cambiar unos seiscientos metros de tubos, ya tenemos el visto bueno de Enacal, porque esta es una alternativa para saber si por fin llega el agua”.
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