VÍCTOR SALMERÓN | EL UNIVERSAL
El desajuste que experimenta el país en materia cambiaria ha alcanzado niveles récord. Al cierre del 28 de febrero la brecha entre el tipo de cambio oficial de 6.30 bolívares por dólar y el precio del billete verde en el mercado paralelo se situó en 1,200 por ciento, una magnitud nunca vista en la historia de los controles y que tiene consecuencias importantes.
Un diferencial tan grande entre el tipo de cambio oficial de 6.30 bolívares y el paralelo se traduce en que la demanda por los dólares baratos es prácticamente infinita y el acceso a estas divisas es lento, difícil y propenso a la corrupción.
Además el dólar paralelo es utilizado como guía por las empresas y comercios al momento de calcular los costos de reposición, y los precios de una amplia gama de productos y servicios toma impulso.
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Este es uno de los factores que explica por qué en los últimos doce meses la inflación se ha acelerado al punto que registra un salto de 56.3 por ciento, mientras que la demanda de divisas baratas y la asignación de las mismas a empresas de maletín hizo que colapsara Cadivi.
En realidad es una historia repetida. Entre 1983 y 1989 el gobierno de Jaime Lusinchi mantuvo un control de cambio administrado por la oficina del Régimen de Cambios Diferenciales (Recadi) y el dólar oficial saltó desde 4.3 bolívares hasta 39.3 bolívares y la inflación, una vez fue levantado el control, se disparó hasta 81 por ciento.
Entre 1994 y 1996 el gobierno de Rafael Caldera instauró otro control de cambio, administrado por la Oficina Técnica de Administración Cambiaria (OTAC) y nuevamente el bolívar sufrió una enorme devaluación porque al levantarse el control el tipo de cambio oficial se alineó con el paralelo, mientras que la inflación batió el récord de ciento por ciento.
Para contener el ascenso del dólar paralelo el Gobierno se dispone a abrir un nuevo mercado, el Sicad II, donde de acuerdo con el vicepresidente para el Área Económica, Rafael Ramírez, el billete verde fluctuará libremente de acuerdo a la oferta y la demanda. El Sicad II actuaría, al igual que el Sicad, como un mecanismo complementario.
El disparo del dólar paralelo ha sido de tal magnitud que las proyecciones más optimistas de entidades financieras como Bank of America apuntan a que como mínimo el dólar se situará en torno a 25 bolívares en el Sicad II.
En consecuencia la economía pasaría a contar tres tipos de cambio. El preferencial de 6.30 bolívares, el del Sicad que hasta ahora ha fluctuado entre 11 y 12 bolívares y el Sicad II, cercano a los 25 bolívares.
El campo seguiría siendo fértil para las distorsiones. El profesor del IESA, Richard Obuchi, explica que “con este diferencial de precios entre los tres tipos de cambio continuarán los incentivos para la corrupción, además de la demanda elevada por las divisas más baratas y la lentitud en las asignaciones”.
En el lado positivo el Sicad II permitiría que PDVSA vendiera dólares a un precio superior, algo que aumentaría los ingresos del Gobierno y disminuiría el déficit en las cuentas públicas.
Otro factor a tomar en cuenta es que el traspaso de empresas que están recibiendo divisas a 6.30 bolívares para la tasa del Sicad II significaría una importante devaluación que tendría efectos inflacionarios y que tendría que ser reconocidos por la Ley de Costos.
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