El francés Alain Resnais falleció a los 91 años, fue un cineasta sutil y ecléctico de la memoria y la imaginación, que marcó la historia del séptimo arte con varias obras maestras.
El primer largometraje del patriarca del cine francés, Hiroshima mon amour (1959), irrumpió como un trueno en pleno período de renovación de la Nouvelle Vague: A bout de souffle de Godard y Los 400 golpes de Truffaut se estrenaron el mismo año.
Inspirado en una novela de Marguerite Duras, el filme ya contiene la semilla de las creaciones posteriores: una historia dentro de la historia, cronología deconstruida y uso sutil del hilo narrativo, ya sea tratándose de la tragedia nuclear o de la pasión amorosa.
Su filmografía incluye numerosos cortometrajes y documentales, como el impactante Noche y niebla sobre los campos de concentración nazis (1955), así como una veintena de largometrajes como Hiroshima mon amour (1958), Providence (1976), Mi tío de América (1980), Smoking/No smoking (1993) y On connaît la chanson (1997).
Su última obra, presentada en el Festival de Berlín a principios del mes pasado, Amar, beber y cantar , es una fantasía que oscila entre teatro, cine y cómic.
“Intenté hacer (…) una especie de ensalada rompiendo las barreras entre cine y teatro, para ganar más libertad”, dijo Alain Resnais.
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Alain Resnais no cesó de explorar los vínculos entre imagen y escritura, basando muchas de sus películas en la obra de grandes escritores, como Alain Robbe-Grillet o el español Jorge Semprún.
QUERÍA SER LIBRERO
Nació en 1922 en Vannes, este hijo de farmacéutico, algo solitario y de frágil salud, leía a Marcel Proust y quería ser librero. Finalmente opta por el espectáculo: en 1940 se inscribe en cursos de teatro y en 1943 en la escuela francesa de cine IDEC, donde estudia montaje.
Pero rápidamente se pone a dirigir pequeños filmes de 16mm que no tienen difusión comercial, como Schéma d’une identification (Esquema de una identificación, 1946) cuyo protagonista es sin embargo nada menos que Gérard Philipe.
No tarda en ingresar de lleno a la categoría de los profesionales, con películas sobre Van Gogh y Picasso (Guernica , 1950) o el arte africano (Las estatuas también mueren ). En 1955, realiza Nuit et Brouillard (Noche y niebla), un impactante documental sobre los campos de concentración nazis.
HIROSHIMA MON AMOUR
Percibido desde sus inicios como un director cerebral a causa de películas como Hiroshima mon amour o El año pasado en Marienbad , que son reflexiones sobre la guerra, la incomprensión y la muerte, Resnais supo ampliar su perfil cinematográfico a partir de los años ochenta.
Sus biógrafos lo describen como un “hurgador de la memoria” (Robert Benayoun) o un “compositor de películas” (Thierry Jousse). El cineasta es capaz de pasar de las ratas de laboratorio y la biología (Mi tío de América, Gran premio especial del jurado de Cannes en 1980), a los cómics (Quiero ir a casa), la educación (La vida es una novela), o la adaptación de una obra de teatro burgués ( Mélo ).
SMOKING/NO SMOKING
Siempre innovando en la forma, en 1993 obtiene el Oso de plata en Berlín por Smoking/No Smoking, y en 1997, a los 75 años, no vacila en lanzarse en el cine musical con On connaît la chanson. Se interesa luego en los problemas de la pareja con Corazones, que recibió el León de plata a mejor dirección en la Mostra de Venecia de 2006.
Con La hierbas salvajes regresó a la ligereza y la fantasía. “Una película no es algo sobre lo cual uno reflexiona, sino que debe arrastrarlo a uno. Yo dejo que las películas crezcan como hierbas salvajes”, explicó en Cannes.
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