Somoza redivivo
Un río ancho y tenebroso separa la era de la dictadura somocista de la fatídica etapa del gobierno de Daniel Ortega: el río de sangre de más de 30,000 humildes ciudadanos nicaragüenses que sacrificaron sus vidas en aras de la liberación política, social y económica de su país.
La noble inmolación de esa masa humana, despojada de sus más elementales derechos y sedienta de libertad, estuvo condenada desde un principio al fracaso porque ignoraban que los dirigentes sandinistas combatían la dictadura somocista no para establecer un sistema político libre y justo, sino para imponer un orden social y político subordinado a sus intereses.
Lo que hoy está haciendo Ortega y su majada de ovejitas negras es la realización de lo que habían anunciado meridianamente, ya en los lejanos tiempos de la lucha “revolucionaria”. La flaca memoria humana echa en el saco del olvido lo que ya entonces Daniel Ortega (y otros dirigentes sandinistas) declaraban públicamente, para todos los que quisiesen oírle, que la revolución liberadora está encarnada en el movimiento sandinista y que el poder revolucionario ya no saldrá de sus manos. La elección del pueblo nicaragüense ya ha tenido lugar, definitivamente, de tal modo que las elecciones que se realicen en el futuro, “si las condiciones lo permiten”, “serán unas elecciones especiales, revolucionarias, con un sistema electoral dentro de la revolución” (Radio Managua, 14.5.80). Humberto Ortega expresaba a su vez: “Notadlo bien. Las elecciones son para fortificar el poder revolucionario y no para rifar quién recibirá el poder. En efecto, el poder ya lo tiene el pueblo por medio de su representación, el Frente Sandinista de Liberación Nacional y su dirección nacional” (Barricada, 24.8.80). “Cuando nosotros hablamos de elecciones no lo hacemos sobre la especie de elecciones que los contrarrevolucionarios y la burguesía infamante esperan de nosotros. Nuestras elecciones no serán como si el pueblo no supiese quién está en el poder. En otros países las elecciones se llevan a cabo para elegir un gobierno; en Nicaragua el pueblo ya ha elegido… Nosotros hablamos de elecciones, lo hacemos refiriéndonos a los mecanismos y sistemas que impondrán nuestra revolución… En el futuro tendrán lugar elecciones para confirmar la representación del pueblo, que ya está en el poder” (Radio Sandino, 11cia.7.81). “La exigencia de convocar a una asamblea constituyente huele a somocismo” (Borge, Radio Sandino, 17.6.81).
A la frustración política —el desengaño de la justa aspiración de vivir bajo un régimen libre— se suma la amarga constatación de que todo el tinglado despótico está de nuevo al servicio de una clase política medularmente corrupta. El poder autocrático, ataviado democráticamente, oprime al pueblo para garantizar la impunidad del saqueo y de la explotación. Realmente, Ortega y su pandilla constituyen una perfecta reencarnación de la carcamal dinastía somocista.
José Leopoldo Decamilli, Berlín.
Empleados públicos desmoralizados
La actitud del dictador Daniel Ortega, al igual que Somoza, en utilizar a los empleados públicos para sus fines partidarios es desmoralizante, como ocurrió el pasado sábado 22 de los corrientes, cuando dichos empleados para conservar sus puesto laboral tuvieron que asistir a las rotondas llevados como ganado, a gritar consignas en desuso, vivas a los amigos del dictadorzuelo y unirse a causa que no nos incumben como los sucesos de Venezuela. Jóvenes profesionales frustrados al sentirse tontos útiles por la falta de empleo en este empobrecido país. Es aquí donde los empresarios privados deben abrirse a estos jóvenes y brindarles trabajo que serán de gran utilidad en sus empresas.
Ministros, directores de entes autónomos, etc., amaestrados para echarlos a las calles cuando el dictador Ortega lo disponga. Ellos (los ministros), mantienen con el dictador y su esposa una relación de amo-siervo, ya que tienen familia que mantener. Pero, los imperios caen al igual que los gobiernos totalitarios y esclavistas. No aprenden los dictadores de las lecciones que la historia nos brinda sobre aquellos déspotas que ultrajaban a los honestos trabajadores, los Hitler, los Stalin, los Castro, los Somoza. Los dictadores huyen cuando el pueblo hastiado de sus abusos los derrocan, ellos, que creían tener amigos y aliados serán maldecidos por estos, por haberles ultrajado su integridad, su conciencia, su honestidad pero sobre todo su libertad.
Roberto Altamirano Izaguirre.
Cuidemos nuestro folclor
Celebro con regocijo intelectual el recordatorio bien sentido que formaliza de cuerpo entero al recordado literato Roberto Díaz Castillo, que nos ha presentado a Juanita Bermúdez (promotora cultural), mi vieja amiga de mucho aprecio y estima. Tuve amistad con Díaz Castillo, nos encontramos en varios actos culturales y nos identificamos por ser devotos de lo propio y lo bello que encontramos en la vida y vigencia ancestral del folclor.
Muy inteligente y estudioso, en la década de los años ochenta del siglo pasado vino a Nicaragua, como bien lo señala Juanita en su nota de fecha 24 de febrero del año en curso en este rotativo, en la sección Cartas al Director, y su labor en el cargo asignado por el doctor Sergio Ramírez Mercado fue en verdad “invaluable”.
Bien recuerdo que mi fraterna y estudiosa de la cultura nacional, doña Irene López, preparó una mesa redonda que tuvo como tesis analizar la historia y proyección de nuestro folclor en una jornada de más de dos horas, en su casa de habitación, en el tiempo de labores muy culturales de Julio Valle Castillo y el hoy difunto Roberto, quienes con el suscrito firmante de esta reseña expusimos como tema principal lo propio de nuestro Güegüense. Luego Roberto (expuso) aspectos de ritos religiosos y lo concerniente a la historia de lo sustancial del Rabinal Achí reflejando el alcance de la musicalidad de danzas de Guatemala y Nicaragua terminando su intervención con enfoques del libro sagrado conocido como el Popol Vuh.
Esa noche, en casa de Irene, con más de 80 invitados, vivimos la alegría de dar a conocer nuestro dominio absoluto de los temas ya señalados; incluso se recibió con muchos aplausos ciertas frases con sabor folclórico que están vinculadas a nuestro cuerpo y que todavía se expresan con sabor muy nicaragüense; y lo confieso que el personaje principal de esta mesa redonda fue el pícaro Güegüense como lo llama Irene.
Que Dios tenga en su lugar al ahora difunto y viejo amigo Roberto Díaz Castillo.
Alfonso Dávila Barboza.