Hace diez años inició tomando fotografías en La Chureca. De esa experiencia la cineasta Rossana Lacayo relata que la impresionó ver a la gente en el basurero más grande de Managua y cómo podían superar el hecho de vivir en él.
Entre la basura, el humo y los animales que buscaban comida en el vertedero, el ojo avizor de Lacayo detectó a Gilberto, un flaco de 70 años, chintano, moreno, y cuya apariencia es la huella de una vida en la pobreza.
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“Me interesó ver como una niña, a la que llamé La Sirenita, porque leía en ese momento ese cuento de La Sirenita, en medio de la basura se sentaba a leer como si estuviera en Cancún, en el plan más relajado. Fue así como pude interesarme en la capacidad del ser humano de sobrevivir en las peores circunstancias”, advierte, y confiesa que de esas escenas conquistó el Primer Premio en la Bienal Iberoamericana en Costa Rica.
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HISTORIA ENCUENTRA SENTIDO DE VIVIR
Es “un flaquito, flaquito, y que anda siempre con sus treinta perros”, relata la cineasta. De Gilberto y su en torno nació el documental de una hora, San Francisco en La Chureca , una historia que en voz de su único personaje encuentra el sentido de vivir y disfrutar de las cosas comunes, pero a la vez en medio de su soledad encuentra compañía entre los animales.
Lacayo pasó tres años filmando a Gilberto. Una vida en la que se perfila una verdadera historia de amor, hacia los animales, o la historia de los pobres de los basureros que se conforman con los desechos, en un ambiente donde todos buscan sobrevivir.
La cineasta reflexiona que esta producción le enseñó sobre el valor de la vida. “Aprendí que hay que disfrutar más a plenitud, cuando yo terminaba de filmar y llegaba a mi casa, pensaba en que uno tiene muchas cosas de más, y que la felicidad está más adentro de uno y es interna, es paz”.
LA FELICIDAD NO LA FÍAN
Gilberto en el documental asegura que “la felicidad no se vende, ni la fían ni la regalan”, mientras se mece en su hamaca y mira un programa en su pequeño televisor blanco y negro.
Sin embargo, Rossana reitera que “una de las cosas que más me impresionó de él es su poco apego a las cosas materiales, la única pertenencia que él tiene es un radio, y entonces él dice que es la persona feliz y que no necesita cosas materiales para serlo, sobre todo por el mundo en el que vivimos hoy”.
Pero la historia de Gilberto es “la de un hombre que ama a los animales, fijate que salvaba a los zopilotes de los chavalos que los amarraban. Les pagaba veinte pesos a la gente para que los dejara en paz, luego lo soltaba, esa era su felicidad dejarlos en libertad”, dice Lacayo.
IRONÍA EN EL VÍDEO
El documental a pesar de desarrollarse en ambientes de miseria, entreteje episodios irónicos sobre la cotidianidad de Gilberto Montalbán y cómo este tiene que enfrentar nuevos retos cuando cierran el basurero en el que ha vivido por cuarenta años.
“Cuando me di cuenta que iban a cerrar La Chureca, le pregunté qué haría con los treinta perros, porque le iban a dar una casa y no se podía pasar con los animales. Entonces él empieza a darle solución al problema de donde van a quedar sus perros”, dice la documentalista.
El filme contó en la producción ejecutiva con José Herguedas; en cámara y sonido Rossana Lacayo y Stephane Pillon, y en la edición Gerardo Arce.
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