Hoy se cumplen 24 años de la victoria de doña Violeta Barrios de Chamorro y la Unión Nacional Opositora (UNO), en las elecciones del 25 de febrero de 1990, acontecimiento histórico de gran significación nacional e internacional.
Esas fueron las primeras elecciones libres en Nicaragua, desde las del 6 de noviembre de 1932 en las que el liberal Juan Bautista Sacasa derrotó al expresidente conservador, Adolfo Díaz Recinos. Pero el doctor Sacasa fue derrocado por el golpe de Estado del general Anastasio Somoza García, el 9 de junio de 1936 y desde entonces no hubo en el país una verdadera elección, hasta la del 25 de febrero de 1990.
También a nivel internacional fueron históricas las elecciones del 25 febrero de 1990. Esa fue la primera vez —y hasta ahora la única— que un régimen revolucionario de orientación marxista-leninista es destituido por medio de elecciones populares. Según la experiencia histórica, hasta entonces los revolucionarios marxistas que tomaban el poder nunca lo cedieron de manera voluntaria.
A pesar de la terrible crisis que sufría Nicaragua a principios de 1990, el poder de la dictadura del FSLN era total. Su ventajismo en la campaña electoral era tan aplastante, que solo doña Violeta Barrios de Chamorro, los miembros de su equipo de campaña y el directorio de la UNO, tenían confianza en que obtendrían la victoria en las urnas electorales. Estaban seguros de que podrían derrotar electoralmente a la dictadura sandinista, siempre y cuando los votos fueran contados y asignados correctamente y hubiera una observación internacional amplia, independiente y confiable. Además, confiaban en la victoria porque así lo indicaban las encuestas que hacía en el país la firma costarricense Víctor Borge y Asociados, la cual trabajaba para la campaña de la UNO utilizando métodos rigurosos y personal que inspiraba confianza a los ciudadanos encuestados, quienes confesaban su verdadera intención de voto que sin embargo ocultaban a las otras encuestadoras que anunciaban el triunfo del FSLN.
En realidad, la victoria electoral democrática del 25 de febrero de 1990 era posible, porque se habían creado las condiciones indispensables para que la dictadura fuera derrotada no mediante la guerra sino con los votos de los ciudadanos. Porque se conjugaron factores internos de primordial importancia, como la alianza electoral prácticamente de toda la oposición y el profundo desgaste de la dictadura sandinista — como consecuencia de la guerra civil y sus políticas económicas desastrosas—, con factores externos cruciales como la crisis terminal de los países comunistas que sostenían al régimen sandinista, y los Acuerdos de Esquipulas II suscritos por los presidentes de Centroamérica.
La lección principal de las elecciones del 25 de febrero de 1990, fue que se puede derrotar a la dictadura mediante el voto popular, siempre y cuando se le obligue previamente a aceptar elecciones libres y competitivas. Y en la actualidad, se puede confiar en que, así como la dictadura pudo reponerse de su derrota de 1990, y restaurarse en el poder, la democracia también se puede recuperar aunque las nuevas circunstancias nacionales e internacionales sean distintas a las de hace 24 años.
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