Según la Asociación Española de Masaje Infantil (AEMI), uno de los principales “nutrientes” del recién nacido es el tacto, un poderoso medio para su desarrollo fisiológico, psicológico y emocional, que beneficia tanto al niño como a los padres y las personas más cercanas a él, estimulando y fortaleciendo los vínculos afectivos y la escucha mutua.
Muchas investigaciones revelan la necesidad del contacto afectivo como parte fundamental de los primeros años de vida, y el masaje es uno de los métodos más agradables y fáciles para establecer este primer contacto, aseguran desde la asociación.
El bebé no se nutre solo de comida; necesita fundamentalmente amor y cariño, que le proporcionen una seguridad y acogida emocional para poder crecer de forma armónica.
Según AEMI, el masaje infantil es un arte muy antiguo que se ha transmitido de generación en generación en muchos países. “Las madres acunan, acarician y dan masajes a sus bebés: desde los esquimales que viven en la zona ártica de Canadá, hasta en Rusia, Suecia o Suramérica y en África”, según la psicóloga Alba del Cid.
“La técnica del masaje infantil consiste en una secuencia de movimientos, abarcando desde la cara hasta los dedos de los pies”, explica Marta Veguillas, pedagoga especialista en atención temprana.
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