Dotado de un envidiable instrumental físico, que fue movido siempre por un corazón guerrero y arropado por una valentía a prueba de balas, Julio César Chávez ascendió hasta la cima del boxeo mundial y penetró muy hondo en el sentimiento popular.
Enemigo de la especulación, Chávez fue un amante del intercambio de metralla y como buen mexicano, jamás se guardó nada, fue de frente y con todo, hasta esculpir una brillante historia que ha perennizado su nombre entre los más grandes.
Chávez está en Nicaragua, participando en la grabación de un programa para una televisora de su país. Y como es natural, su presencia ha atizado un debate sobre los mejores pugilistas latinos de la historia, entre los cuales, está él, por supuesto.
¿Dónde ubicaríamos a Chávez? Solo detrás de Roberto Durán, el formidable peleador canalero, que además de capturar 104 triunfos, fue el primer latino con cuatro coronas mundiales y es considerado el mejor peso ligero de todos los tiempos.
Chávez en tanto, tuvo tres coronas, dos de ellas unificadas. Estuvo invicto en noventa combates (89-0-1) y en total se adjudicó el triunfo en 31 de 37 peleas de título. Fue seleccionado “Peleador del Año” en 1987 por la Asociación de Escritores de Boxeo de Estados Unidos.
Al final de sus días como pugilista, Julio César tenía 103 victorias y seis derrotas, cifras que lo situaron encima de nuestro Alexis Argüello, quien dejó de acribillar oponente en 1995, cuando sumaba 82 victorias y tres títulos mundiales.
Durán, Chávez y Alexis, deben encabezar el ranking de los mejores latinos de la historia. Al menos, eso creo.
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