Los rebeldes sursudaneses lanzaron este martes por la mañana una ofensiva para arrebatar a las fuerzas gubernamentales la ciudad estratégica de Malakal, capital del estado petrolero del Alto Nilo (nordeste), afirmaron testigos a la AFP.
«Los combates son muy intensos. Hay combates en las afueras de la ciudad. Es un ataque de gran alcance, coordinado», afirmó uno de ellos. Parecen los combates más intensos desde el anuncio de un alto el fuego entre las dos partes el 23 de enero.
Sudán del Sur es escenario de combates entre el Ejército leal al presidente, Salva Kiir, y una rebelión partidaria de su exvicepresidente Riek Machar desde el 15 de diciembre.
Los combates, que ya han causado miles de muertos y unos 900,000 desplazados, comenzaron en la capital, Juba, y se extendieron al resto del país, en particular a los estados del Alto Nilo, de Jonglei (este) y de Unidad (norte).
A finales de enero, después de meses de negociaciones arduas en la capital etíope, Adís Abeba, los dos bandos aceptaron firmar un alto el fuego, pero los problemas de fondo siguen sin resolverse y los dos bandos se acusan mutuamente de violar la tregua.
El conflicto fue originado por una lucha de poder entre el presidente Kiir y el exvicepresidente Machar, destituido en julio. El primero acusa al segundo de haber intentado dar un golpe de Estado. Machar lo niega y considera que Kiir quiere acabar con cualquier oposición con vistas a las citas electorales de 2015.
Esta rivalidad adoptó un cariz étnico y existen denuncias de matanzas entre las dos principales tribus del país, los Dinka de Salva Kiir y los Nuer de Riek Machar.
Ambas partes intentan que progresen las laboriosas negociaciones de paz en Adís Abeba pero, entretanto, la situación humanitaria sigue siendo dramática.
Decenas de miles de desplazados están apiñados en campamentos de la ONU, temerosos de padecer represalias étnicas si vuelven a sus hogares. En esos atiborrados campamentos, la falta de equipos sanitarios, de refugios y de alimentos favorece la propagación de enfermedades, que afectan especialmente a los niños.
«Vemos a niños morir aquí en el hospital, porque están muy débiles», se lamentaba recientemente Anna Cilliers, enfermera de Médicos sin Fronteras en una de las bases de la ONU en Juba.