Jeniffer Castillo Bermúdez
Normas internacionales, como la Convención de Derechos del Niño y los documentos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), obligan a las escuelas a recibir a estos niños.
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Cada mañana, 103 niños tienen que caminar siete kilómetros desde El Coral, al sur de Nicaragua, hasta La Cruz de Upala, al norte de Costa Rica. Ahí está su escuela de primaria.
De acuerdo con una publicación del diario La Nación, de Costa Rica, estos estudiantes nicaragüenses asisten a las escuelas ticas de los poblados de la frontera norte, como La Victoria, La Cruz y Parcelas de París, ubicados en el cantón alajuelense de Upala.
De los 92 alumnos que iniciaron el año escolar 2014 en la Escuela de La Cruz, por ejemplo, 40 viven al otro lado del mojón No. 13, en la comunidad nicaragüense El Coral.
A estos niños, según La Nación, les gustan las escuelas ticas porque son “más bonitas” y porque sus padres consideran que la calidad educativa es mejor del otro lado de la línea fronteriza que separa a las dos naciones.
“Son más lindas las escuelas de acá”, comentaron Alejandra y Marjorie Chavarría, poco antes de regresarse sobre sus pasos y cruzar la frontera norte, al finalizar el primer día de clases, publica La Nación.
El viaje de ida y vuelta de estos niños tarda treinta minutos. Esto lo hacen cada día para aprender.
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