Mito de la contracultura, maldito, transgresor, innovador en la escritura, el arte y el lenguaje, Williams Burroughs, el autor de El almuerzo desnudo, uno de los iconos de la denominada Generación Beat, hubiera cumplido mañana cien años.
Para celebrarlo, en Estados Unidos esta semana ha aparecido el libro, Nada es verdad, todo es mentir a. El día que Kurt Cobain conoció a William Burroughs, de Servando Rocha, en Alpha Decay.
Se da la circunstancia también de que en 2014 se cumplen los veinte años del suicidio, en Seattle, de Kurt Cobain, el cantante, guitarrista y compositor de Nirvana, un mito musical, otro icono del subsuelo, de lo alternativo, del “grounge”, que se quitó la vida el 5 de abril de 1994.
William S. Burroughs (Saint Louis, Missouri, 1914-Kansas, 1997) tuvo con Cobain una relación que ha quedado plasmada también en imágenes, unas fotografías desconocidas que aparecieron tras la muerte del cantante, ocultas en unos cuadernos manuscritos, y que muestran que el sueño que Cobain tenía de visitar a Burroughs, su ídolo, se cumplió.
CON KURT COBAIN
Un material que sacó la viuda del cantante de Nirvana, Courtney Love, quien posee todo su legado. Y este es el leitmotiv, el punto de fuga del que parte Servando Rocha para escribir su ensayo, un homenaje a estos dos iconos y un relato en el que el arte, la música y la rebelión de todo el siglo XX es otro de los protagonistas.
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Con frecuencia sazona su prosa con términos de invención propia, construcciones gramaticales imposibles o palabras desprovistas de significado pero cargadas de sonoridad.
Por todo ello, puede considerarse la mayor parte de su obra como poesía en prosa, ya que su intención no está tanto en la narración como en la evocación de determinadas atmósferas y ambientes, así como estados psicológicos extremos (casi nunca sentimientos).
Para este fin utiliza el lenguaje, destruyéndolo y recomponiéndolo a su gusto, siempre consciente de que se trata de un código rígido y obtuso que debe ser dinamitado y reprogramado, intentando utilizarlo como fin más que como medio de expresión, ya que esto último supondría dejarlo en el lugar que siempre ha ocupado y que le ha servido para llegar a un estado de momificación absoluta.
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“A Burroughs no le gustaba la música de Nirvana, le gustaba el blues, Leadbelly, Billy Holliday; sin embargo Cobain idolatraba al maestro de la periferia, al escritor, pintor, duro y poético, al amante de las armas, las drogas, al padrino del punk, y, sobre todo, al rebelde, al buceador del subsuelo que llamaba a la rebelión y decía que el lenguaje era el virus del poder”.
ME ENCANTA B…
Prueba de ello era que Cobain en sus diarios tenía una entrada que decía: “Me encanta todo lo que empieza por B: Bukowski, Beckett, pero sobre todo Burroughs”. Cuando se encontraron el escritor tenía 83 años y Cobain moriría unos meses después.
“Tras la visita, Burroughs, que le escribió una gran dedicatoria y le regaló un autorretrato que terminó con un disparo del autor —explica Servando Rocha—, este le dijo a su ayudante: Es un chico raro, frunce el ceño sin ningún motivo”.
Y cuando se enteró de su suicidio espetó: “Él ya estaba muerto”.
HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA
En el libro Rocha también recoge la imagen que Burroughs le envió a Cobain con motivo de su 27 cumpleaños, un collage realizado por Burroughs en el que se ve a Cobain despidiéndose desde una habitación en donde estaba el acumulador de orgón (una máquina que supuestamente aumentaba la potencia sexual) vieja y rota.
Un regalo con una dedicatoria que dice: “Para Kurt, con mis mejores deseos en su veintisiete cumpleaños y que cumplas muchos más…”.
Y es que resulta, para echar más misterio al asunto, que cuando Cobain se suicidó, una de las teorías “conspiratorias”, y que Servando Rocha comenta, es la que achacaba a Burroughs el haber sido culpable colateral de su muerte, porque Cobain se compró una de estas máquinas, una “Dream machine”, una máquina de los sueños en cuyo interior supuestamente podías entrar en trance y, si te pasabas, podías hasta volverte loco.
UNA FIGURA OSCURA
En las páginas de este libro, escritores outsiders, músicos y artistas oscuros comparten un mismo fuego y bailan en torno a la figura de Burroughs, quien parece hablarles como si fuesen ellos los destinatarios de la dedicatoria incluida en Ciudades de la noche roja : “A todos los escribas y artistas y practicantes de la magia a través de los cuales se han manifestado estos espectros… Nada es verdad. Todo está permitido”.
LA PRIMERA NOVELA
Yonqui (1953) es su primera novela publicada bajo el seudónimo de William Lee, autobiografía de tono todavía realista de un toxicómano, mientras en Tánger escribe un millar de páginas que, gracias a la ayuda de Kerouac, transformará en la famosa trilogía: El almuerzo desnudo (1959), The Soft Machine (1961) y Nova Express (1964). El almuerzo desnudo dio origen a un proceso por obscenidad.
Tras la publicación de la trilogía Burroughs se convirtió en uno de los escritores beat y no beat más interesantes de la segunda posguerra norteamericana. En cuanto beat, Burroughs ha sido uno de los santones a los que han mirado los jóvenes norteamericanos protagonistas de la contracultura de los años sesenta.
Día de Acción de Gracias
Williams Burroughs
Gracias por el pavo silvestre y las palomas comunes destinadas
a convertirse en excremento en los intestinos de América,
Gracias por un continente para despojar y envenenar,
Gracias por los indios que apenas ofrecieron batalla y peligro,
Gracias por las vastas manadas de bisontes para matar y despellejar,
abandonando a la podredumbre el cadáver,
Gracias por las recompensas a los lobos y coyotes,
Gracias por el sueño americano que vulgariza y falsifica hasta
que brillan las mentiras desnudas,
Gracias por el KKK, por los leguleyos asesinos de negros
que hacen muescas, por las damas decentes de rostros
retorcidos y malos y amargos
y malvados que van a la iglesia,
Gracias por las calcomanías de “mata a un puto por Cristo”,
Gracias por el laboratorio sida,
Gracias por la ley seca y la guerra contra las drogas,
Gracias por un país en que a nadie se le permite ocuparse
de sus propios asuntos,
Gracias por una nación de chismosos, sí, gracias por todos los recuerdos,
…hecho, déjame ver tus brazos,…sí, siempre fuiste
un dolor de cabeza y un pesado,
Gracias por esta enorme traición última al último y más grande
de todos los sueños humanos.
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B