A Juan González le obsequiaron una camisa del San Fernando con el 21. LA PRENSA/CORTESÍA/LAURENS SALAZAR

Fue niño otra vez

Juan “Igor” González volvió a cuando niño, al llegar al Estadio Roberto Clemente de Masaya. Su rostro reflejaba su infancia al ser recibido por más de cien pequeños y jóvenes de Masaya, quienes se desbordaban por tocarlo, pedirle un autógrafo, fotografiarse con él o simplemente saludarlo.

Juan “Igor” González volvió a cuando niño, al llegar al Estadio Roberto Clemente de Masaya. Su rostro reflejaba su infancia al ser recibido por más de cien pequeños y jóvenes de Masaya, quienes se desbordaban por tocarlo, pedirle un autógrafo, fotografiarse con él o simplemente saludarlo.

González nunca tuvo la oportunidad de jugar diariamente en un parque de pelota. Hacía bolas y bates para jugar contra la pared, hasta que en ocasiones cortaba la cabeza de las muñecas de su hermana para utilizarlas en el juego de beisbol con sus amigos.

“El impacto que me causaron los niños es enorme. Me llena de una alegría inmensa y me hace recordar cuando era un infante”, manifestó González.

“Igor” desde que entró a la vieja construcción con el nombre del boricua más recordado, como lo es Roberto Clemente, se sintió como en una alfombra roja, llena de alegría, inocencia y sueños utópicos de niños, donde se le reconocía su gigantesca trayectoria.

El boricua tomó un ramo de diferentes tipos de flores y se dirigió al pequeño monumento de Clemente, ubicado en la entrada principal del estadio de beisbol.

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Hoy a las 9:00 a.m. el exGrandes Ligas, Juan “Igor” González tiene previsto regresar a su país de origen, Puerto Rico, junto al veterano dirigente del beisbol latinoamericano, Osvaldo Gil.

Desde la fecha de su retiro por completo del beisbol profesional, que según Baseball Reference fue a los 35 años, González se ha dedicado a motivar a jóvenes de su país, los cuales tienen el sueño de sobresalir en el beisbol rentado.

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“Fue tan grande su corazón y su dimensión espiritual, que murió por amor al prójimo y le sirvió de techo el vasto cielo y por tumba, la inmensidad del mar”, leía “Igor” en la placa del monumento, mientras las flores revivían la estatua opaca y desgastada del que murió queriendo ayudar a los nicaragüenses.

El jugador de 17 temporadas en las Grandes Ligas y 13 de ellas con los Rangers de Texas, que conectó la pelota 434 veces detrás de la cerca, y además, temido por sus adversarios, no es tan expresivo como lo era con el bate. Lo suyo es el beisbol en físico, no el arte de articular palabras como profesión.

“Masaya sabe de beisbol. Yo no tuve la dicha de conocer a un pelotero que había jugado en las Ligas Mayores y ahora ustedes tienen la oportunidad”, dijo “Igor”, iniciada la charla improvisada en las gradas del coloso de la ciudad de las Flores.

Entre tanto, Michael Benavides, un niño que corría de un lado a otro en busca de una firma para su pelota de trapo, no tenía más de siete años y él no sabía quién figuraba en la charla, pero observaba la admiración desbocada que realizaban sus compañeros de más edad.

“Juan es el ejemplo que ustedes necesitan, no solo como pelotero, sino como la persona que es fuera del campo. Cuando se me encargó buscar a un bigleaguer, no dudé en decirle a Juan”, subrayó Osvaldo Gil, con una voz golpeada, pero con la mente lúcida.

Para el toletero boricua no es importante el ser beisbolista más que un buen ser humano. “Son pocos los que logran llegar a las Mayores, pero crean en ustedes y no dejen de estudiar. Hagan caso a las palabras de papi y mami, y sino no llegan a ser buenos en el diamante, serán grandes doctores o abogados”, expresó “Igor”.

El alcalde de Masaya, Orlando Noguera, fue el encargado de entregarle un reconocimiento especial en las instalaciones de la municipalidad, y posteriormente fue la persona que otorgó en las manos del originario de la Isla del Encanto, la camisa de las Fieras del San Fernando con el número 21 en su espalda.

Ahora, Juan González es considerado líder técnico, líder moral y líder social en el deporte. Su estatus de astro en las Grandes Ligas continúa intacto y ayer, el hombre de 44 años recordó cómo ser un niño otra vez.

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