José Adán Aguerri
A propósito de las negociaciones de salario mínimo, un antiguo líder sindical argumentaba sobre una posición del sector empresarial relacionada a que el aumento salarial debe ser de un dígito que «esa propuesta como la voy a calificar digna de unos empresarios que están acostumbrados a mantener sus utilidades no sobre la base de la inversión sino sobre la base de la explotación de la fuerza de trabajo.”
Cito dicho comentario ya que hizo que me trasladara en el tiempo 30 años atrás cuando ese discurso era prevaleciente en los tiempos de confrontación en el país la que no sólo destruyó a las empresas y la economía sino al propio bienestar de la clase trabajadora.
Sin embargo, a pesar de ese discurso populista y desfasado, el tiempo ha pasado y hoy las realidades son otras y a ellas nos debemos.
Como sector gremial nuestro objetivo hoy es crear empresas sostenibles con trabajo decente. Una va de la mano de la otra. Las empresas sostenibles necesitamos las condiciones que nos permitan crecer a largo plazo y poder así contribuir a generar el empleo decente que garantice las condiciones mínimas laborales y de seguridad social de nuestros trabajadores.
En este contexto es necesario entender e incorporar la negociación de salario mínimo.
El reto es proteger y aumentar la economía formal.
Nicaragua a nivel centroamericano es el país con el nivel más bajo de competitividad y de acuerdo con la OIT casi el 52% de nuestra población se ocupa en empleos informales (en otros estudios alcanzan cifras superiores al 60%).
Lo anterior significa que la gran mayoría de los trabajadores que son los que están en la economía informal no ganan prestaciones sociales y en muchos casos no reciben como pago ni siquiera el salario mínimo sin olvidarnos de los desempleados.
Cuando hablamos de aumento salarial tenemos que entender que no sólo se trata de recuperar el poder adquisitivo del grupo de trabajadores que si obtienen este beneficio sino también tenemos que incorporar la formalidad, el empleo, la productividad, la competitividad, los mercados. Se trata de generar más empleo formal a través del crecimiento.
Reconocemos en este sentido el acuerdo salarial tripartito que tenemos en Zona Franca para los proximos 4 años donde hemos buscado como proteger el empleo. Sin embargo, tenemos que proteger también el empleo que generan los otros sectores formales de la economía que además son los que producen los bienes que se consumen en el país. No sólo debemos proteger a las empresas extranjeras que generan empleo sino también a las empresas nacionales formales que generan empleo.
No podemos dejar que los aumentos de salarios mínimos tengan un impacto negativo en la formalización del empleo. Ya tenemos sectores, como el de vigilancia y construcción, que como resultado de los incrementos salariales mínimos de los últimos años, que no han considerado sus condiciones de mercado, han empezado a tener una migración de empleo formal a empleo informal perjudicando así al sector trabajador.
Por el otro lado el crecimiento del salario mínimo que desde el 2007 ha significado un incremento de 135% en la empresas formales ha producido ya una compresión salarial reduciendo la brecha entre los trabajos más calificados y los menos calificados en donde se esta desestimulando el esfuerzo educativo. A lo que hay que agregar que por razones de mercado esta teniendo un impacto negativo en los salarios reales.
El gobierno no puede seguir obviando esta realidad. Debe entender que en este tema su rol debe ser un rol a favor de la economía formal y la facilitación. Los sindicatos deben superar el discurso desfasado. Solo el crecimiento económico aumenta la formalidad y genera beneficio para los trabajadores.
Ha sido el sector empresarial no con discursos sino haciendo crecer y formalizando la economía los que primordialmente hemos puesto de nuevo al país en pie. El reto está en la cancha del diálogo social. El autor es presidente del Cosep.
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