El presidente ruso, Vladimir Putin, viaja a Bruselas para celebrar el martes una cumbre con los líderes de la Unión Europea (UE), cuya influencia se ve debilitada por los últimos fracasos para atraer a las exrepúblicas soviéticas, entre ellas Ucrania.
En un primer momento estaba prevista una cumbre de dos días, lunes y martes, pero las circunstancias, las acusaciones europeas hacia Moscú de que presiona a las exrepúblicas soviéticas para que no firmen acuerdos con la UE y las acusaciones de Rusia de «injerencias extranjeras» en Ucrania, dieron como resultado un encuentro de menos de tres horas el martes.
Además, la cortesía diplomática que caracteriza los encuentros de los jefes de Estado quedó de lado el viernes cuando un portavoz de la Comisión Europea subrayó que sería un encuentro únicamente «entre los líderes para analizar la dirección y la naturaleza» de las relaciones y tener un intercambio «franco y transparente».
Estarán alrededor de la mesa el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso; el del Consejo, Herman Van Rompuy, y la jefa de la diplomacia, Catherine Ashton, por el lado europeo. Frente a ellos se sentarán Putin y su ministro de Exteriores, Serguei Lavrov. No están previstas reuniones bilaterales con las diferentes instituciones.
«Nuestras relaciones atraviesan un período de desafío», indicó el portavoz Olivier Bailly. «Esta vez, las frustraciones parecen haber sido más fuertes que la cortesía», observó Bruno Lete, analista del German Marshal Fund.
Ucrania estará en el centro de las conversaciones del encuentro.
La crisis comenzó cuando Kiev decidió no firmar un acuerdo de asociación con la UE, en favor de la unión aduanera que propone Moscú, lo que desató manifestaciones pro europeas. La UE no digirió este revés diplomático y acusaron a Moscú de presionar a su vecino. Desde entonces, Bruselas respalda a la oposición del presidente ucraniano, Viktor Yanukovich.
De momento, Rusia forma con Bielorrusia y Kazajistán una unión aduanera, que busca extender a Ucrania, Armenia, Tayikistán y Kirguistán. La ambición de Putin es dejar a la UE fuera de su «esfera de influencia legítima», señala Bruno Lete, estimando que el este de Europa «no se está transformando en una región de libertades, sino en una colección de países económicamente frágiles conducidos por regímenes semiautoritarios leales a Moscú».
«La situación es relativamente difícil», observa un diplomático europeo. «Rusia tiene un modo más agresivo… y tomó una posición decisiva sobre Ucrania o Armenia», añade, pero el embajador de Rusia ante la UE, Vladimir Chizhov, desestima esta percepción negativa de la influencia rusa que tienen los europeos. «La unión aduanera de Rusia no es una rival geopolítica de la UE o una Unión Soviética 2.0», dijo recientemente en Bruselas. Ambas partes «deben simplemente restaurar las relaciones tradicionales en la región», indicó.
«No hay mucho que esperar de esta cumbre, salvo una discusión directa sobre si ambas partes están en competencia directa en el espacio post soviético», indicó Nikolai Petrov, profesor de la Escuela de Economía de Moscú. Fedor Lukianov, presidente del Consejo de Política Exterior y de Defensa ruso, fue más directo: «Todos esperan la próxima cumbre». A razón de dos cumbres anuales la de este martes será la 32ª que celebran la UE y Rusia, con un presidente ruso reelegido en marzo de 2012 para un tercer mandato y unos responsables europeos en fin de mandato considerados por Moscú de manera «negativa».
«Esta es la última cumbre de Putin con esta cúpula europea (…). No espero nada concreto de esta cumbre», indicó Michal Baranowski, director de la oficina de Varsovia del German Marshall Fund. Rusia es el tercer socio comercial de la UE (detrás de Estados Unidos y China), con exportaciones por un equivalente de 123.000 millones de euros e importaciones por 213,000 millones en 2012.