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A su vez, miles de pescadores chilenos perderían su fuente de trabajo si no pueden explotar esa zona marítima.
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El fallo que sellará la suerte de 38,000 kilómetros cuadrados de mar que Perú reclama como suyos, y que hoy pertenecen a Chile, tiene a peruanos y chilenos con los nervios de punta.
La disputa se centra en un triángulo marítimo que se extiende hasta el límite de 320 kilómetros (200 millas) de aguas, que incluyen 19 kilómetros (12 millas) de mar territorial y 300 kilómetros (188 millas) de una de las zonas de explotación marítima más rica del mundo.
La pretensión de Perú es que su frontera marítima se base sobre un trazado perpendicular desde el sitio donde nace la frontera, en tierra. Chile dice que esa frontera debe ser una extensión trazada en una línea paralela.
Los peruanos han visto cómo viejos rencores se han reavivado porque Perú perdió, en una guerra contra Chile que data de finales del siglo XIX, las provincias de Arica, Iquique y Bolivia perdió Antofagasta.
A Perú la guerra los dejó sin la extensión de mar que hoy reclaman, mientras que despojó a Bolivia de su salida al mar.
Pero hay mucho más en juego que el honor: la posibilidad de que los pescadores peruanos exploten un mercado de unos 200 millones de dólares por la pesca de unas 250,000 toneladas principalmente de una especie de anchoa, ingrediente principal de harina de pescado.
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