Pedro J. Chamorro B.
Un expresidente de Nicaragua no se cansa, a pesar de su avanzada edad, en su afán de recoger la historia de Nicaragua, pedazo a pedazo, digitalizarla y “subirla” al internet para que cualquier persona, en cualquier parte del mundo, pueda acceder a ella. Esta labor loable y altruista la realiza don Enrique Bolaños Geyer y con ello le hace un gran favor a la nación, particularmente a los jóvenes.
Estuve de visita hace poco en sus oficinas ubicadas en una casa rural, sede de la Biblioteca Virtual Enrique Bolaños, la cual está ubicada en la carretera a Masaya, muy cerca de su residencia en El Raizón, y para mi sorpresa, contrario a como suelen ser las cosas en este país, entré a un enclave del orden, todo estaba ordenado y en su lugar, documentos, archivos, vídeos, etc.
En uno de los cuartos, dos jóvenes con modernas y poderosas computadores, escáner de alta tecnología, mantienen actualizada la biblioteca virtual y acababan de digitalizar su más reciente adquisición: “La Patria de Pedro”. Don Enrique les pidió que le dieran un link especial, sencillo para facilitar su acceso, y así lo hicieron: “enriquebolanos.org/pedro”.
Luego me da otra sorpresa, Google tiene un satélite que capta todo lo nuevo que entra en la web y luego si alguien lo busca lo redirige a la biblioteca virtual Enrique Bolaños y al sitio específico de lo que uno busca. Le da una instrucción a uno de los jóvenes, busca en Google “La Patria de Pedro” y le sale instantáneamente dos o tres links con ese título, entre los que está la emblemática antología del pensamiento de mi padre. “Le mejoramos digitalmente algunas cosas para que se pudiera, como los pie de fotos de estas fotos, que casi no se leían. Limpiamos la foto de la contraportada del libro con la proclama patriótica de Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, tu tatarabuelo, para que se pudiera leer con mayor facilidad”, me explica don Enrique, cuya labor no termina en la reproducción y difusión de documentos históricos, sino que incluso los mejora digitalmente para facilitar su lectura y comprensión.
Cuando concluyó su período, don Enrique como mi madre Violeta, se retiraron a sus casas sin mayores aspiraciones políticas y desde allí, cada quien con su fundación, siguieron haciendo patria. Llegó el momento de hacerle a don Enrique la pregunta de los 100 pesos, más que todo, porque yo sabía que él me daría la respuesta correcta.
Dígame don Enrique: ¿por qué mi padre decía Nicaragua “volverá” a ser República? Si es que alguna vez lo fue, ¿a qué se refería? “A los 30 años de paz de los gobiernos conservadores en donde había alternabilidad en el poder, los presidentes terminaban y se iban a sus casas, no había reelección ni caudillismo”.
Don Enrique se refería a una época en que se rompió el círculo vicioso sangriento de la historia de Nicaragua y por más imperfecta que haya sido la República de aquel entonces (finales del siglo XIX entre 1867 y 1887), sí tenía una característica esencial de la democracia, que es la alternabilidad en el poder.
Este es un fenómeno político en la historia de Nicaragua que no ha vuelto a repetirse: cada cuatro años, seis presidentes fueron sustituidos pacíficamente, a través de elecciones. Fue también una época de paz y progreso para la nación, se construyó el ferrocarril y las exportaciones crecieron, particularmente de café.
Esta característica, si bien no es la única necesaria para la definición de República, si es el común denominador de todas las repúblicas, desde los romanos, hasta nuestros días.
Me despedí de don Enrique en sus oficinas, saturadas de placas, de recuerdos, archivos llenos de documentos, cintas magnetofónicas y vídeos, todo, meticulosamente ordenado, que don Enrique ha decidido que tengan un mejor destino que su privacidad sino que sean del dominio público, para que todos los jóvenes, los estudiantes, puedan acceder gratuitamente a ellos por medio del sitio web de su biblioteca virtual: enriquebolanos.org.
El autor es diputado de la BDN