Han transcurrido 47 años desde el 22 de enero de 1967, pero los trágicos acontecimientos políticos de aquel ya lejano día no deben ser olvidados. Primero porque es un deber patriótico honrar la memoria de todos los nicaragüenses que perdieron la vida en aquella sangrienta jornada, y además porque las causas de aquella tragedia se vuelven a repetir en Nicaragua, solo que con distintos actores: si antes se apellidaban Somoza ahora se apellidan Ortega
El domingo 22 de enero de 1967 se realizó en la Plaza de la República de Managua, una multitudinaria manifestación de cierre de campaña electoral de la Unión Nacional Opositora (UNO), cuyo candidato presidencial era el doctor Fernando Agüero Rocha. A pesar de que no habían garantías de unas elecciones justas y limpias, la UNO — de la cual el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal era el coordinador pero no pretendía ocupar ningún cargo público— había decidido participar en los comicios del 5 de febrero siguiente. Sin embargo, en su discurso de cierre de campaña el doctor Agüero demandó que las votaciones fueran pospuestas hasta que se establecieran las garantías electorales indispensables, e invitó a la muchedumbre a permanecer en la calle mientras el Estado Mayor de la Guardia Nacional no bajara a negociar con los líderes de la oposición.
Varias horas más tarde, los manifestantes opositores decidieron aumentar la presión marchando hacia la Loma de Tiscapa, donde estaban la sede del Estado Mayor de la Guardia Nacional y la Casa Presidencial, hasta que fueron detenidos por la fuerza militar donde ahora es la Asamblea Nacional. Algunos ciudadanos opositores andaban armados. Alguien mató de un balazo a un teniente de la Guardia Nacional y los soldados dispararon sus armas de guerra contra los manifestantes. Entre mil y mil quinientos muertos fue el resultado de aquella matanza, según Wikipedia, pero la verdad es que nunca se precisó la cantidad exacta o aproximada de los nicaragüenses que perdieron la vida aquel 22 de enero de 1967.
Ese mismo día el gobierno somocista desató una feroz represión. El doctor Chamorro Cardenal fue encarcelado como muchos otros líderes opositores, y al salir de la prisión dos meses después dijo en un editorial titulado Antes de volver a empezar, publicado en LA PRENSA el 15 de marzo de 1967: “El 22 de enero no fue un acontecimiento planeado como acto de subversión armada, pero resultó la expresión de valor más extraordinaria del pueblo nicaragüense en los últimos años”. Y agregó el doctor Chamorro Cardenal que se había demostrado que “en nuestro pueblo existe una decisión inquebrantable por lograr un nivel de vida democrática efectiva”.
Ciertamente, la tragedia del 22 de enero ocurrió por falta de libertad, de democracia y de elecciones libres y limpias. Por eso el pueblo se rebeló y se siguió rebelando hasta derrocar a la dictadura somocista en julio de 1979.
Es una lección histórica fácil de aprender, pero los que detentan el poder por la fuerza y quieren gobernar para siempre al precio que sea, no aprenden de la historia y repiten una y otra vez los mismos errores del pasado.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A