
Vladimir Vásquez
“Ramiro” es un consumidor activo de marihuana que casi llega a los 30 años y desde sus tiempos de secundaria estuvo rodeado por lo que muchos llaman la “cultura cannabis”.Consigue su mercancía a través de un proveedor de su confianza que se la lleva hasta la puerta de su casa. El proveedor de drogas a domicilio no siempre hace las entregas personalmente.
Generalmente tienen algo así como su “microempresa”. Algunos —cuenta “Ramiro”— tienen hasta cinco trabajadores que son los encargados de llevar el producto hasta los clientes, pero al igual que muchos servicios de restaurante en el país, también hay que comprar una cantidad mínima, dependiendo el proveedor, que varía entre unos 300 y 400 córdobas. “(Van) a Masaya, Granada, San Juan del Sur, a la hora que vos los llamés.
El costo del viaje va en dependencia de la cantidad y la distancia”, relata. “Es como pedir una pizza o un pollo”, grafica.
El proveedor puede enviar muchos tipos de drogas, desde marihuana, éxtasis, morning glory, hasta hongos que también son utilizados por sus propiedades alucinógenas. Una bolsa de marihuana con unos ocho gramos de hierba puede llegar a costar hasta 25 dólares aproximadamente, y en teoría eso debería bastarle al consumidor para fabricarse unos ocho o diez cigarros, dependiendo del tamaño con que los elabore.
Los proveedores de drogas también tienen su propia estrategia de mercadeo para sus productos. “Ramiro” cuenta que cuando logran obtener productos nuevos, ya sea de Marruecos, Brasil o Colombia le dan “muestras gratis” a los clientes para generar interés en la nueva mercancía. Un comportamiento idéntico detectó en Bilwi y Bluefields, Roberto Orozco, consultor civil y experto en seguridad ciudadana y crimen organizado.
“En estas ciudades los expendios de drogas rodean las escuelas y, además, han usado algunas estrategias para hacer crecer el mercado de las drogas entre estos estudiantes. Por ejemplo, una de sus estrategias más efectivas era regalar dosis pequeñas de cocaína, marihuana o crack para crear adicción y, luego convertir al adicto en un cliente”, explicó Orozco. Orozco estima que entre las drogas que más se consumen en Nicaragua, el primer lugar lo ocupa la marihuana, en segundo lugar de las más consumidas está el crack, un derivado de la cocaína que es económico y con una gran potencia.
El tercer lugar de las drogas más consumidas en el país lo ocupa la cocaína en polvo, dijo, aunque también se ha detectado, según explica, que hay consumo de metanfetaminas, pero aclara que es en mínimas cantidades. Proveedores profesionales“Ramiro” dice que su proveedor es una persona muy profesional que ha aprendido a moverse entre personas importantes de la sociedad y así mantiene su negocio.
Recientemente, William Bennett, exsecretario de educación de Estados Unidos en el período de 1985 a 1988 y director de la oficina Pública para el Control de Drogas de Estados Unidos durante el gobierno de George Bush, advirtió que en muchos casos, las personas buscan más ayuda por problemas relacionados con la marihuana, que por otras drogas.
Bennett consideró en una publicación reproducida por CNN que muchos problemas graves del consumo de drogas están directamente relacionados con el inicio del consumo de marihuana.
“ En muchos casos fue esa la puerta a otras drogas o parte de su mortífera combinación”, explica, quien además considera que también deben ser escuchadas las voces de las personas afectadas por las drogas, a la hora de discutir sobre su legalización en los diferentes países.
“Es un mito que la marihuana —por no ser tan dañina como la cocaína, heroína u otra droga ilegal— es segura o suficientemente segura para garantizar su legalización. Los que no están de acuerdo con esto responden que la marihuana no ha arrasado comunidades o que la droga en sí no es la culpable”, comenta en la publicación.
Incluso algunos datos que publica establecen el uso de la marihuana como una de las principales dependencias de los jóvenes en Estados Unidos.
“La marihuana es la droga más utilizada en el país, sobre todo entre gente joven. Según la Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud de 2012, de los 7.3 millones de personas de 12 años o más, clasificadas con dependencia o abuso de drogas ilícitas en 2012, 4.3 millones de personas tenían una dependencia o abuso de marihuana», lo que la convirtió en la droga con más personas dependientes”, cita parte del texto escrito por el experto estadounidense.
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“(Conozco un proveedor) que parece oficinista y es el negocio de su vida. Lo único que no vende cocaína. Me imagino que sabe que las penas por cocaína son más altas”, comenta. “Majes que le venden a hijos de poderosos de este país. Hay círculos bien pesados”, agrega. Tampoco le preocupa lo que pueda llegar a pensar la familia, tomando en cuenta que su esposa también es consumidora de marihuana.Los teléfonos celulares juegan un papel importante para los proveedores de drogas pues es con esas herramientas que se contactan con muchos de sus clientes, sin correr el riesgo de ser identificados, en el caso que sea una persona no muy conocida en ese submundo. Sin embargo, para poder llegar a tener el número de un proveedor, primero la persona que recomienda debe dar fe que se puede confiar en el nuevo cliente y el vendedor determinará si vale la pena hacer negocios.
Pero también hay otras formas de conocer proveedores de drogas, cuenta “Ramiro”.Conciertos y droga psicodélica En conciertos de electrónica y otros tipos de eventos masivos se encuentra un tipo de proveedor que distribuye una droga que provoca efectos alucinógenos en quien la consume: drogas psicodélicas. “Ahí es donde encontrás ofertantes”, dijo “Ramiro”, quien además expresa estar en contra de ese tipo de sustancias pues ha visto “a sus amigos”, profesionales o con algún potencial, perderse en una adicción incontrolable por este tipo de sustancias.
Pero estas drogas no parecen estar al alcance de todas las personas. Sus precios son relativamente elevados frente a los costos de la marihuana, por ejemplo. El éxtasis, en cualquiera de estos eventos puede costar fácilmente unos 30 dólares, mientras que la morning glory puede costar unos 15 dólares.
Esta es una droga alucinógena que se extrae de las semillas de una flor para luego procesarse y mezclarse con agua. El consumidor la bebe y esto le provoca efectos alucinógenos. Al contrario —dice— “para mí la marihuana no es una droga para relacionarme socialmente, es para escuchar música o para estar viendo una película para estar en mi intimidad”, asegura “Ramiro”, quien asegura estar en contra del uso de drogas “más fuertes” como la cocaína, y considera que “hay otras sustancias que son mucho más nocivas, como el alcohol o el tabaco”.Ahora espera que dentro de unos 15 años, el consumo de marihuana en Nicaragua pueda quedar legalizado y por qué no, también en el resto de países centroamericanos.“No me sorprendería que en menos de 15 años, Nicaragua y Centroamérica lo tengan legalizado (el consumo de marihuana)”, y agrega que la esperanza es que pueda ser industrializado, de tal manera que el consumo no tenga que realizarse entre las sombras.
Sin embargo, por ahora, el consumo de droga no es tan inocente, pues está ligado a una de las mayores industrias criminales del mundo.La mayoría de los proveedores locales reciben pagos en especies del narcotráfico internacional. Es decir, se le paga con más droga que pueden utilizar para seguir colocando en el mercado nicaragüense. La mayoría de las drogas que se consumen en el país se quedan como parte del narcotráfico internacional, comenta Orozco.
“Se calcula que un 20 por ciento de las 650 toneladas que pasan anualmente por Centroamérica se queda en el istmo. Sin embargo, se desconocen los volúmenes que se quedan en Nicaragua”, explica.efectos a la carta Dependiendo del tipo de droga que se compre y la dosis que se administre, el consumidor puede buscar efectos diferentes. Entre los tipos de marihuana que más se consumen en Nicaragua se pueden lograr distintos tipos de efectos, asegura “Ramiro”.
Algunas personas buscan provocarse euforia, otros para estar más “relax”. Pero los vendedores también son precavidos y advierten a sus clientes de no consumir alcohol junto con otras sustancias para evitar anular los efectos de la droga o incluso poner sus vidas en riesgo. Algunas drogas, como el éxtasis, permiten efectos de hasta seis o siete horas, en muchos casos se recomienda no beber o consumir dulces pues también pueden bloquear los efectos de la droga.
“Ramiro” asegura que él consume para sentirse relajado cuando va a la playa, al igual que muchos otros consumidores de marihuana. Otros buscan el efecto contrario y permanecer en estado de euforia por largas horas para disfrutar algún concierto o evento que requiera bastante energía.“Ramiro” considera que dentro de los colegios y las universidades también hay un alto consumo de drogas, aunque no hay cifras oficiales que puedan demostrar este tipo de hechos.
Orozco dice que “no se han hecho estudios recientes para conocer la prevalencia del consumo entre estudiantes universitarios. Lo mismo ocurre en aquellos que cursan la educación secundaria y primaria. Los últimos estudios datan desde hace siete años y esos datos ya están obsoletos. Sin embargo, la observación nos indica que a medida que los estudiantes escalan grados superiores se reduce la posibilidad de consumo”.La droga para “pobres”Otra alternativa de comercialización de drogas está en los diferentes expendios que existen en el país. En la mayoría de estos, los clientes deben llegar para poder comprar sus productos, aquí no hay un servicio tan exclusivo como existen en los niveles “más altos”, donde la “atención al cliente” también parece ser importante.
En muchos casos, los adictos también optan por empeñar prendas, propias o ajenas para poder conseguir la droga. Pero en ese tipo de negocios, el cliente que se vuelve más adicto lleva las de perder, pues a pesar que algunos “buenos proveedores” llegan a devolverle las prendas a sus clientes, otros se las quedan. Estos lugares, en muchos casos, también son los más frecuentados por estudiantes, ya sea de universidad o de secundaria, “que llegan para comprar unos 20 córdobas de charrascas”, para fumar.
Contra estos expendios la Policía Nacional estableció una lucha sui géneris que denominó Operación Coraza Popular. Este tipo de operativos iniciaron allá por el año 2003, pero tuvieron principal reconocimiento en los últimos tres años, cuando se intensificaron las acciones en contra de los expendios.La Policía, incluso, realizó marchas a lo largo de diferentes barrios de Managua con estudiantes de los colegios para que tomaran conciencia sobre los peligros que implica consumir algún tipo de droga. Entre agosto del 2012 y agosto del 2013, realizaron unos 4,110 operativos que permitieron sacar del mercado local unos cuatro millones y medio de dosis de droga, según las estadísticas de la propia Policía.Con estos operativos, la Policía Nacional marcó las casas donde se conocía que se vendía droga en los diferentes barrios de Managua, una acción que generó críticas de parte de grupos defensores de derechos humanos, que no apoyaron la medida. En la capital, los lugares donde hay más prevalencia de expendios de droga son los barrios orientales, asegura Orozco.
Las ganancias de la drogaSegún Orozco, el negocio de las drogas sigue dejando grandes ganancias en los países donde están ubicados los cárteles, como México, por ejemplo, donde se calcula que en el 2010 el narcotráfico dejó por lo menos unos 29 mil millones de dólares en ganancias. “Por otro lado, se encuentran los costos para sostener la guerra contra las drogas, cuya efectividad se encuentra entredicha actualmente y, por ello, se ha generado grandes debates internacionales que se inclinan a favor de la legalización. Estos debates terminaron con la legalización de la marihuana en Uruguay y ya ha generado un debate sobre la legalización de la cocaína en Colombia”, estima Orozco. Orozco calcula que por lo menos unas 600 toneladas de droga pasan por Nicaragua y toda Centroamérica luego del pago que reciben los colaboradores locales del narcotráfico.
“Lo que pasa por Panamá y Costa Rica, por lógica tiene que pasar por Nicaragua, si se le resta el diez por ciento por incautaciones, nos quedan 750 toneladas y si a estas se le resta el veinte por ciento por pago a colaboradores locales, tenemos que unas 600 toneladas circulan por Nicaragua y toda Centroamérica”, estima Orozco.


