En los últimos 35 años el país ha experimentado un éxodo sin precedentes, aunque no existen datos exactos algunas fuentes consideran que hay más de 1,200,000 nicaragüenses residiendo en el extranjero, es decir, un 20 por ciento de la población actual. Hay quienes piensan que existe una cultura nómada del nicaragüense o un carácter aventurero o una fascinación por viajar, otros afirman que es parte de la esencia e idiosincrasia de nuestro pueblo pero lo que realmente ha habido es un desplazamiento por razones eminentemente económicas por encima de cualquier aspecto cultural.
Muchos de estos compatriotas iniciaron este flujo migratorio después del terremoto en 1972, pero el detonante más significativo se debió a la guerra y la violencia experimentada a finales de los años setenta e inicios de los ochenta del siglo pasado, habiéndose producido en ese momento la primera gran ola migratoria, no obstante, en los años posteriores al conflicto armado, es decir de 1990 a la fecha, el desplazamiento por razones económicas tuvo un repunte a niveles inimaginables y, por qué no decirlo, alarmantes.
Pareciera contradictorio que en tiempos de paz se haya aumentado la emigración, pero esto no es absurdo ya que es un efecto de la situación de pobreza extrema y miseria colectiva que dejó la guerra, siendo esta la principal causa de la segunda ola de emigrantes acontecida en la década de los noventa. Pero la frágil economía y el poco desarrollo institucional experimentado en los últimos veinte años han producido la tercera ola del éxodo que abarca del año 2000 a la fecha, periodo en el cual muchos nicaragüenses han emigrado al ver que el país nunca cambió, que el estado de derecho fue una utopía y sobre todo sentirse aprisionados en una trampa de pobreza.
Es por eso que los nicaragüenses, en busca de su libertad económica han optado por la emigración apoyados en la expectativa de obtener mayores ingresos económicos escogiendo como destinos a naciones con una mayor renta per cápita, con crecimiento económico considerable y con un desarrollo institucional que les proporcionara seguridad jurídica, acceso a trabajos mejor remunerados lo que les permitirá obtener ingresos no solo para su sostenimiento sino también para ahorros que en gran parte serán enviados como remesas a sus familiares en Nicaragua.
Como podemos ver, este desplazamiento tiene una contrapartida financiera de gran importancia tanto para la economía familiar, pues son recursos utilizados para la manutención de estas, como a la economía nacional pues dichas remesas generan un consumo interno que ayuda indiscutiblemente al crecimiento del PIB.
Bastará con analizar las remesas recibidas en el finalizado año 2013 las que se estiman en aproximadamente 1,100 millones de dólares y que constituye un 9.7 por ciento del PIB para darnos cuenta que estas representan una importante fuente de recursos por encima incluso de las exportaciones de algunos productos tradicionales
Este dato demuestra que los nicaragüenses trabajando en el exterior son más productivos porque han emigrado a lugares en donde encuentran condiciones económicas favorables, donde se respetan las libertades civiles, los derechos individuales y sobre todo se protegen los derechos económicos.
No se puede negar que el llamado exilio económico forma una gran comunidad de nicaragüenses en el extranjero que ha jugado un papel importante en el crecimiento económico nacional de los últimos años, ni se puede discutir que ha emigrado un acervo de capital humano invaluable para el país. El autor es CPA y Catedrático de Finanzas en la UAM.
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