Aun cuando suele jugar mirándose al espejo y no desaprovecha oportunidad para mostrar su esculpido cuerpo, Cristiano Ronaldo no pierde de vista la portería contraria.
Eso lo llevó a coleccionar un año de leyenda y, empujado por su electrizante ritmo goleador, ganó el Balón de Oro 2013 ayer en Suiza, lo que lo trae de vuelta a la cima.
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Tampoco ganaron títulos Stanley Matthews (1956), Dennis Law (1964), Gerd Muller (1970), Kevin Keegan (1978) y Luis Figo (2000).
Ronaldo se impuso con un 27.99 por ciento de los votos, encima del 24.72 por ciento que acumuló Lionel Messi y del 23.36 por ciento del francés Franck Ribéry.
El portugués había ganado el Balón de Oro en 2008 con Manchester United, que lo ganó todo aquella vez, desde Premier hasta Champions.
“Ya quiero volver a competir para ver si me puedo ganar un tercero”, dijo Ronaldo, y no bromeaba.
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El jugador, que parece siempre necesitado de una fuerte dosis de humildad, mostró su lado humano al recibir el premio y dejar correr unas lágrimas mientras agradecía.
Ronaldo venció a Lionel Messi, el mejor jugador de la época actual, y a Franck Ribéry, un tenaz obrero del campo, que personificó el futbol asociativo del Bayern de Munich.
Pero sobre todo se impuso a él mismo, al ser ejemplar en la victoria, lo que habla de su salto a la grandeza, con lo que deja atrás su carencia de madurez, que le impedía alcanzar el cariño popular.
El artillero que coleccionó 69 goles y que estremece con sus disparos potentes o su velocidad de sprinter, mientras zigzaguea en espacios cortos, ha sido también un ejemplo de perseverancia.
Solo así se puede salir a flote ante la superioridad abrumadora que mostró Messi en los pasados cuatro años, en los cuales Ronaldo fue relegado a un segundo plano.
Sin embargo, el portugués, lejos de bajar los brazos, trabajó con más intensidad y, con el orgullo herido, ha escapado de las sombras para volver a iluminar el planeta futbol.
Tras cuatro años de ayuno, Ronaldo está de vuelta a la cima.
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