José Adán Silva
La foto en blanco y negro, borrosa por los años, grafica a un feliz chavalito de pueblo vestido con sotanas y con las manos juntas en actitud de oración.
Entonces Leopoldo Brenes no era más que un niño soñando con ser monaguillo y asistir a la Iglesia católica de su humilde Ticuantepe, donde vio la vida en el seno de una humilde y creyente familia católica.
Luego, la vida pasó y el niño que jugaba con sotanas se hizo sacerdote, recorrió los campos llevando a cabo su misión cristiana, se volvió obispo, luego monseñor, luego arzobispo y ahora, cardenal.
¿Qué hay en la historia de este hombre de rasgos sencillos y pelo descuidado que ahora alboroza a todo un país con su nombramiento de príncipe de la Iglesia católica?
A Brenes se le identifica como un poder con postura equilibrada ante temas espinosos y una actividad pastoral muy fuerte, sonriente y poco sofisticado, pero duro cuando se trata de criticar las injusticias desde el púlpito.
MAGAZINE lo retrató en 2005 cuando asumió el arzobispado de Managua y lo retrató tal cual es, sin sotanas: sensible, sencillo, esquivo con ciertos temas de polémica, a veces tímido, aficionado al beisbol y al boxeo, que gusta de ver muñequitos y oír música ranchera mexicana, apegado a su familia y más inclinado a la vida del campo.