El papa Francisco sorprendió gratamente al pueblo católico de Nicaragua —y nos atrevemos a decir que a todos los nicaragüenses, independientemente de su credo religioso—, con el nombramiento de monseñor Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, como nuevo cardenal de la Iglesia católica.
Fueron 19 los nuevos cardenales que nombró ayer el papa Francisco, de los cuales cuatro son obispos de los países más pobres del mundo: Nicaragua y Haití en América Latina y Costa de Marfil y Burkina Faso en África.
Desde el año pasado se rumoraba que uno de los obispos de Nicaragua sería nombrado cardenal. Incluso se mencionaba nombres (entre ellos el de monseñor Brenes), sin embargo había algunas dudas, sobre todo porque en Nicaragua ya había un cardenal y en Centroamérica solo Honduras lo tiene, en tanto que Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Panamá, cuyos pueblos son igualmente muy católicos, carecen de esa alta distinción religiosa.
Se considera que el nombramiento de cada cardenal obedece a una inspiración del Espíritu Santo en el papa. Sin embargo obedece a una regla establecida en el artículo 351 del Código Canónico (que es la Constitución de la Iglesia católica), según la cual: “Para ser promovidos a cardenales, el romano pontífice elige libremente entre aquellos varones que hayan recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos; pero los que aún no son obispos deben recibir la consagración episcopal”.
Sin duda que monseñor Brenes llena esos requisitos, como también monseñor Silvio Báez, monseñor Jorge Solórzano, monseñor Rolando Álvarez y demás miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Pero solo uno podía ser ungido y la selección de monseñor Brenes es acertada, satisface a los católicos nicaragüenses y es una bendición que puede ser augurio de que grandes y buenos acontecimientos podrán suceder en Nicaragua este año y durante los sucesivos.
Cabe recordar que cuando monseñor Miguel Obando inspiraba la lucha por la libertad y fue nombrado cardenal, el 25 de mayo de 1985, el pueblo de Nicaragua sufría en la plenitud de la noche oscura, la dictadura sandinista se acababa de legalizar e institucionalizar mediante un simulacro electoral y parecía que iba a durar para siempre. Pero el liderazgo moral y profético de la Iglesia se fortaleció a pesar de las persecuciones e infortunios, muy pronto vinieron los Acuerdos de Esquipulas I, después los de Esquipulas II y cinco años después aquella dictadura que tenía pretensiones de eternidad se derrumbó como un castillo de naipes.
Ahora el nombramiento de monseñor Brenes como cardenal, a todas luces un cardenal del pueblo y no del poder, es una señal de esperanza. Tal vez no sea por casualidad que la Primera Lectura, en la misa del día que el papa anunció el nombramiento de monseñor Brenes como nuevo cardenal de Nicaragua, el profeta Isaías dice: “Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas”. Ojalá que así sea.
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