En una entrevista que brindó a LA PRENSA y fue publicada ayer, miércoles 8 de enero de 2014, el embajador de Francia en Nicaragua, señor Antoine Joly, lamentó que en las reformas constitucionales que está aprobado el gobierno de Daniel Ortega, no se toman en cuenta las “sugerencias” que hizo oportunamente la Unión Europea (UE), para garantizar la independencia del Consejo Supremo Electoral (CSE).
El embajador francés se refería a las recomendaciones presentadas por la misión de la Unión Europea que observó las elecciones nacionales nicaragüenses de noviembre de 2011, las que fueron denunciadas por la oposición como fraudulentas y en las cuales Daniel Ortega se hizo reelegir violando la Constitución, apoyado en una espuria resolución de la Corte Suprema de Justicia (integrada ilegalmente con magistrados de facto); recomendaciones de la Unión Europea que se referían entre otras cosas a “la necesidad de nombrar miembros en términos de la organización e independencia de este poder (el CSE)) frente a los otros poderes, que sean más independientes, que sean más imparciales ”
Pero no solo de eso habló el embajador Joly. También se refirió a otros temas muy importantes, como la cooperación de Francia con Nicaragua, la contribución de su país a la educación, la promoción del estudio del idioma francés, el proyectado canal interoceánico y las reformas constitucionales. Y habló de la reelección, cual es el objetivo fundamental de la contrarreforma constitucional orteguista y la causa principal de su rechazo por parte de los sectores democráticos nicaragüenses.
Según el diplomático galo, la reelección no es ningún problema “si existe un sistema electoral fuerte y bien independiente e imparcial”. Sin duda que este es el caso de Francia, donde no hay límite para la reelección presidencial, pero el sistema electoral es independiente, transparente y confiable. Además, ningún presidente francés se ha reelegido más de una vez, pero aún así en Francia se habla actualmente sobre la conveniencia de poner límite a la reelección. Al respecto, el anterior presidente francés, Nicolás Sarkozy, habló de la necesidad de una reforma constitucional con ese fin, pues, según dijo, el presidente está para actuar, no para durar.
En todo caso, la reelección en Francia es sustancialmente diferente a la reelección en Nicaragua. Aquí no existe un sistema electoral independiente, imparcial y honesto; los poderes del presidente son absolutos, no los comparte con un primer ministro —como ocurre en Francia— y todos los organismos del Estado se someten servilmente al jefe del Ejecutivo, o sea a Ortega.
En Francia y en todos los países democráticos donde se permite la reelección indefinida o limitada, directa como en los sistemas presidenciales o indirecta como en los parlamentarios, la reelección no es para eliminar la alternancia en el poder y mucho menos para entronizar a dictadores vitalicios. Lo cual es el caso de Nicaragua, donde la reelección siempre se ha realizado por medio de pactos corruptos y fraudes electorales para mantener y perpetuar en el poder a caudillos autoritarios. Así fue con los Somoza y así es ahora con Daniel Ortega.
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