Elízabeth Romero
La nicaragüense Virginia Gómez, de 43 años, viaja una vez al año al país para visitar a su familia y ya está por vencerse el tiempo en que debe regresar a Panamá, donde labora como doméstica.
Sin embargo, ayer después de hacer fila por largas horas, no corrió con suerte para conseguir la visa migratoria de tránsito.
Lamentó que el consulado de Costa Rica a diario solo asigne cien números para quienes, como ella, requieren visa de tránsito.
La presencia de la Policía no solo mantuvo orden en el lugar, también impidió el negocio de espacios con los que algunas personas guardan lugar en las filas donde muchos permanecen desde las 4:00 a.m. para estar de primeros al momento en que el Consulado abra sus puertas para brindar el servicio. Esos espacios eran vendidos hasta en 50 córdobas, aseguran los solicitantes.
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La nicaragüense sostuvo que pese a que ayer llegó temprano no pudo tener acceso al servicio. Esto porque las autoridades del consulado no hacen diferencia entre los solicitantes de visa con destino a Costa Rica con los que van de tránsito.
Gómez criticó que las autoridades costarricenses pretendan establecer un procedimiento similar a otras embajadas como la estadounidense, para otorgar las visas de entrada a esa nación centroamericana.
“Lo quieren americanizar, que (el solicitante) tenga cuentas, propiedades y si a ellos les parece te dan la visa. Es una restricción”, lamentó Gómez.
La mujer expresó que las largas filas —que es común apreciar en fechas como las recién pasadas— son muestra de que muchos nacionales se ven obligados a abandonar el país por falta de alternativas de empleo.
Gómez lleva cinco años fuera de Nicaragua y trabaja como doméstica en Panamá donde gana 400 dólares al mes.
La paga para los extranjeros en Panamá es menor que la que reciben los nacionales, que es de 600 dólares mínimos, dice la nicaragüense, quien comenta que hay patrones que incluso les retienen el pasaporte a los trabajadores para no se les vayan.
Gerson Argüello, de 32 años, radica en Costa Rica desde hace 15 años y el trámite en el consulado le resulta engorroso. Aseguró que pocas veces viaja a Nicaragua, pues en el vecino país cuenta con “trabajo fijo”.
Él está de acuerdo con que el trámite de la visa sea con cita como proponen las autoridades costarricenses. Otra de las que permanecía en la fila a la espera de ser atendida es Sonia Campos Serrano, de Nueva Guinea, quien señaló que pese a todo, el servicio fue más ágil ayer.
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