La Iglesia católica de Nicaragua ha proclamado el 2014 como Año de la Familia. El papa Francisco, por su parte, convocó en noviembre pasado a un Sínodo Extraordinario sobre la Familia, el cual se celebrará en octubre del año entrante y para su preparación se ha distribuido un cuestionario de 39 preguntas, a fin de que los católicos de todo el mundo opinen sobre los problemas que afronta la familia en la actualidad.
Cabe señalar que las Naciones Unidas llamaron a conmemorar a lo largo de todo el año 2014 el vigésimo (20) aniversario del Año Internacional de la Familia, que se realizó en 1994. Según la propuesta de la ONU, por la gran importancia que tiene el tema familiar el 2014 debe ser como un nuevo Año Internacional de la Familia.
Para su celebración del Año de la Familia, la Iglesia católica pone el énfasis en los aspectos religioso y moral, sin descuidar la cuestión social. La Iglesia llama ante todo a “salvar (a la familia) de todos los virus que la destruyen: divorcio, infidelidad, mentalidad hedonista, individualismo egoísta”, según se dice en el texto Comentario de la liturgia de la palabra para la misa del domingo 29 de diciembre.
La ONU, como entidad intergubernamental laica que es, destaca en su convocatoria a hacer del 2014 un nuevo Año Internacional de la Familia, tres líneas fundamentales de trabajo: 1. Familia y trabajo (en el sentido de conciliar la vida laboral y familiar); 2. Familia, pobreza y exclusión social; y 3. Familia y solidaridad intergeneracional.
En este caso, los conceptos fundamentales de la Iglesia católica y la ONU sobre la familia no se contradicen, más bien se complementan. Aparte de la coincidencia en la preocupación por los problemas sociales que afectan a la familia, se supone que en el enfoque de este tema la ONU se funda en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por ella misma en 1948, que en su artículo 16 establece: “Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio”. Y define que “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”.
La Iglesia, por su parte, precisa y ratifica en el documento antes mencionado, que la familia se forma con “un padre, una madre y al menos un hijo, pero si más, mejor”. Y advierte que “La familia se construye con la colaboración de todos sus miembros, y cumpliendo cada uno sus propias funciones de padre, madre e hijos”.
Ciertamente, la familia está cada vez más amenazada, como advierte la Iglesia, y urgida de fortalecimiento socioeconómico, como plantea la ONU. Pero también hay que protegerla de aquellos gobernantes malignos que tratan de convertir a las familias en organismos de base de un sistema de poder totalitario, con el nombre de “gabinetes de familia”, simulando que es una forma de democracia participativa.
Asediada la familia por sus enemigos de viejo y nuevo cuño, urge atender las convocatorias de la Iglesia y la ONU a defenderla y fortalecerla. Ante todo atender el llamado de la Iglesia.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A