Numerosos soldados sursudaneses patrullan una calle en Juba (Sudán del Sur). LA PRENSA/EFE

Controlan yacimientos

Los rebeldes en Sudan del Sur anunciaron que han tomado Malakal, la capital del estado de Alto Nilo, donde se concentra la mayor parte de la producción de petróleo, en medio de intensos combates de los que la población civil trata de escapar.

El presidente de Sudán del Sur, Salva Kir, se comprometió   a proteger a los ciudadanos del país y llamó al fin de la violencia étnica, tras los últimos combates entre militares y rebeldes. LA PRENSA/AFP

Efe

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Miles de personas han fallecido y más de 8,000 se han visto obligadas a desplazarse huyendo de los enfrentamientos, según Naciones Unidas.

Más de la mitad de los desplazados han buscado refugio en las instalaciones de la misión de la ONU en Sudán del Sur, UNMISS, y solo en la capital, Yuba, hay más de 20,000 refugiados en esas bases.

El organismo internacional reveló ayer la existencia en Bentiu de una fosa común, que podría contener hasta 75 cadáveres, y de otras dos en Yuba.

Ayer, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad el envío de 5,500 cascos azules a UNMISS, aumentando sus efectivos hasta los 12,500 efectivos.

Mientras tanto, los acontecimientos en Sudán del Sur, que logró la independencia de Sudán en julio de 2011, son motivo de preocupación en su vecino del norte.

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Los rebeldes en Sudan del Sur anunciaron que han tomado Malakal, la capital del estado de Alto Nilo, donde se concentra la mayor parte de la producción de petróleo, en medio de intensos combates de los que la población civil trata de escapar.

Un responsable militar insurgente aseguró a Efe por teléfono que sus fuerzas se hicieron con el control de esa importante localidad y que pronto dominarán los yacimientos de crudo.

Esa información fue confirmada por la agencia independiente de Sudán del Sur, SSNA, que señaló que el gobernador de Alto Nilo, Simon Kun Puoch, huyó después de haberse refugiado en instalaciones de la ONU.

En Malakal se desplegaron los rebeldes, leales al exvicepresidente Riak Mashar, acusado de un fallido golpe de Estado el pasado 15 de diciembre, fecha en la que comenzaron los choques entre el Ejército y militares disidentes.

La producción de petróleo depende ahora de la de Alto Nilo, ya que está suspendida en el vecino estado de Unidad debido a la ofensiva de los rebeldes, que tomaron hace cuatro días su capital, Bentiu.

El ministro sursudanés del Petróleo, Stephen Dau, dijo que a nivel nacional se ha contraído la producción de 250,000 a 200,000 barriles diarios, procedentes en su totalidad de Alto Nilo.

Los combates se extendieron a este estado, pero persisten en el de Jonglei, donde el Ejército el martes retomó el control de la capital, Bor.

Por su parte, el presidente sursudanés, Salva Kir, declaró que las fuerzas gubernamentales continuarán sus operaciones para expulsar a los insurgentes de las zonas que controlan.

También se comprometió a proteger a los ciudadanos del país y se mostró “profundamente preocupado” por el curso de los acontecimientos, al tiempo que pidió a las fuerzas del orden que se abstengan de cometer abusos contra la población.

“Personas inocentes han sido asesinadas en una lucha de poder político que ha sido utilizada por algunos en aras de sus propias ambiciones tribales”, destacó Kir.

El mandatario se pronunció así después de que la representante de la ONU en Sudán del Sur, Hilde Johnson, rechazase recientemente calificar lo ocurrido como un conflicto étnico e insistiese en la existencia de una lucha por el poder.

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