La historia recoge como uno de los episodios más emocionantes, en relación con el espíritu de reconciliación y la voluntad de paz que inspira la Navidad, el que ocurrió en 1914 en Flandes, Bélgica, en el frente oeste de la Primera Guerra Mundial.
En la noche del 24 de diciembre de ese año, de repente los soldados alemanes comenzaron a decorar sus trincheras con los pocos adornos que podían improvisar, mientras cantaban villancicos navideños entre ellos el infaltable y bello Noche de Paz. En las trincheras opuestas, los “enemigos” británicos respondieron cantando los mismos villancicos, pero en inglés. Luego se saludaron y al rato se cruzaron de trincheras para abrazarse e intercambiar cigarrillos, bebidas, medallas y chocolates, como regalos de Navidad. Esa noche no tronaron las armas. Al día siguiente, en Navidad, los cadáveres de los combatientes que habían caído antes de la tregua espontánea de Nochebuena, fueron sepultados cristianamente en la tierra de nadie situada entre las trincheras de ambos ejércitos. Este fue un hecho excepcional, sin duda, pero muy representativo de la maravillosa inspiración del espíritu de Navidad.
Para la magna celebración de Navidad, los sacerdotes católicos y los pastores de las demás iglesias cristianas, recomiendan ir a los templos, celebrar en familia, perdonar los agravios y practicar la reconciliación. Por su parte los sicólogos y consejeros de superación personal aconsejan “hacer un alto en el camino” para la reflexión, la introspección y el análisis; olvidar en estos días el estrés de la lucha por la vida diaria y los graves problemas personales, familiares y sociales, económicos y políticos. Se trata de consejos sanos y bien intencionados, sin duda, pero la vida no se detiene ni siquiera en Navidad y los problemas no desaparecen aunque se les trate de obviar y olvidar.
En realidad, así como el mal nunca descansa el bien tampoco debe descansar. El mal es como el cáncer que prolifera en el organismo humano y lo socava hasta aniquilarlo y por eso hay que combatirlo sin tregua y extirparlo antes de que produzca la consecuencia fatal. Lo mismo se puede decir de una dictadura en el cuerpo social y político de una nación. La dictadura es una representación genuina del mal que no se toma descanso para alcanzar sus perversos objetivos, y por eso, igual que al cáncer hay que combatirla hasta extirparla cuanto más temprano mejor. Esta es la reflexión principal que los cristianos y todos los que aprecian la libertad y la democracia deberían hacerse en esta Navidad.
El cristiano no se baja de la cruz, pero se sale del sepulcro, escribió Pablo Antonio Cuadra (PAC). Esta frase, que suena como sentencia bíblica, se puede entender como que el cristiano no debe dejar de luchar por lo que cree y quiere por muy grande que sea el sacrificio, y debe tener la esperanza en que su perseverancia se verá recompensada con la realización de sus aspiraciones y creencias.
“Al poder que proclama la política como totalidad (es decir, al absolutismo o totalitarismo en todas sus formas partidarias o estatales), Cristo opone la proclamación de la dignidad suprema del hombre hijo de Dios”, sentenció también PAC y agregó que “ Cristo traza al cristiano una obligación: con el hombre. Y una libertad: con la política”, recordándonos así que la lucha por la dignidad y la democracia es una obligación cristiana primordial.
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