Joaquín Absalón Pastora
Navidad nos envuelve en los linos blancos de su dignidad. Abre el libro para leer y practicar la cultura de la paz que nace con Cristo en el pesebre de Belén para irradiar la fertilidad de una historia incorporada para siempre sin que haya síntomas que la debiliten aunque prevalezcan los males con los pretextos de la boga esotérica.
No pueden olvidarse los ejemplos heredados de los antiguos profetas hebreos, tomadas por el propio Jesús porque se basan en la paz coincidente con el mensaje cristiano no dependiente de la palabra en revoloteo tornadizo sino de la acción practicada por los franciscanos, quienes, autores de las tesis de la paz, conquistaron el corazón de las muchedumbres. Cada beso, cada abrazo, cada saludo de feliz Navidad, promovido por la afinidad, con sentido de prodigalidad y no de egocentrismo.
En estos días en nombre de la natividad deben aborrecerse las distancias entre el credo, la religión, el color, el corrosivo fanatismo político contribuyendo a la separación en la familia por “santos que orinan” fenómeno constituido en un enemigo de la paz. Mientras en las cumbres ellos se entienden, abajo la marginalidad se vuelve antagónica.
Cada viviente merece pensar como se lo indica el albedrío racional sin que con su aplicación, hiera la piel del vecino porque “el derecho ajeno es la paz”.
El mundo ha sido homogéneo para reconocer el talante de hombres como Mandela en cuyo himno no hay distancia tonal en el color de la piel.
Celebramos que haya una cátedra en la universidad que lleva el nombre de Martin Luther King Jr. puesta en el nivel humanístico por los profesores —eruditos en el tema— Benjamín Cortez y Denis Torres quienes se han distinguido en la disertación de historias fundamentadas en el realismo heroico de sus gestas inspiradas en la antecedencia inolvidable de Ghandi. Son los apóstoles de la nueva era, valores sacrificados por el empeño de vivir y redimir.
Los profetas hebreos fueron sus maestros desde el momento en que ellos mostraron su rebeldía contra los movimientos compulsivos puestos estos como malos ejemplos en la demostración de que no solo con la espada puede romperse el nudo gordiano. No creyeron nunca en la vanidad expansiva de los territorios ajenos con métodos ajenos al derecho jurídico originalmente establecido para cada parcela orgullosa de su independencia
El de la reconciliación es un argumento usado a menudo con el único propósito de hacerlo instrumento publicitario donde ella no es la protagonista sino la efigie de un hombre lejos de identificarse en el discurso y en la acción con los movimientos pacifistas auténticos, existentes desde la antigüedad hasta nuestros días aunque aparezcan en minoría en relación a los que tuvieron como característica a la violencia.
Jesús vuelve a nacer en las efemérides milenarias con el planteamiento de una ideología y de una filosofía de la paz basada no solo en las enseñanzas antecesoras, sino en el sacrificio de poner las manos en la cruz para que la estupidez las clavara en nombre de una causa arbitraria y expansionista. La cultura de la paz e ideales universales como los de la reconciliación, fuera de lo rótulos desde luego, no pueden existir si no se hace una reparación verdadera y no oral de los daños ocasionados, restañando las heridas en el gesto donde coincidan los valores axiológicos y ontológicos. El autor es periodista.