El gambito de Israel y los ayatolás

Humberto Castilla

Básicamente lo que algunos analistas han concluido es que el reciente acuerdo interino nuclear suscrito entre varias potencias mundiales e Irán el mes pasado en Ginebra, Suiza, lo que hace es ofrecerle una invitación concertada a la nación persa para que esta se convierta de país forajido en un actor serio, comprometido con la paz y estabilidad mundiales. Por supuesto, hay que reconocer que es un esfuerzo loable el de buscar una solución diplomática negociada a tan difícil tema antes que recurrir directamente al uso de la fuerza.

Sin embargo, es natural que otras potencias político-militares de Oriente Medio no estén tan felices con el mencionado acercamiento. Así, Arabia Saudita (el archienemigo suní con quien Irán ha tenido una competencia histórica para convertirse en el país islámico más predominante de la región), e Israel (que teme la venida de un segundo “holocausto” si Irán finalmente lograra armarse con tecnología nuclear militar), son dos países que han resentido el cambio de prioridades de parte de Estados Unidos, en vista de que ahora podría ser al chiita Irán, y no a ellos, al que podría reconocérsele como el interlocutor más importante en Oriente Medio, seguramente con el fin de aprovechar las valiosas influencias que tienen los ayatolás sobre distintos países o grupos militantes que son enemigos declarados de Occidente.

Para poder explicarlo mejor, al parecer don Barack Obama ha querido realizar una jugada de “gambito” en la que, como en ajedrez, se prefiere sacrificar algunas piezas de relativa importancia a cambio de buscar un bien aún mayor. Pero de ser así, es tan grande el riesgo que EE. UU. asumió de acercarse secretamente con los iraníes previo al encuentro en Ginebra que, si las cosas le salieran mal (y Jamenei al final es percibido como que solo estaba interesado en ganar tiempo mientras continuaba enriqueciendo en secreto sus reservas de material radiactivo) no nos extrañaría ver el inicio de un juicio de destitución o “impeachment” contra dicho presidente demócrata.

Así, podrían alegar algunos miembros del Tea Party republicano que las negociaciones de Ginebra traicionaron aliados tan importantes como Israel y Arabia Saudita, con lo que se vulneró de manera irremediable el liderazgo de EE. UU. en tan volátil y estratégica región; otro argumento contra dicho convenio podría ser la denuncia de un miembro del congreso estadounidense quien alertó que si el verdadero interés de Irán únicamente fuere el de enriquecer su material radiactivo para fines estrictamente medicinales, entonces por qué necesita esconder varios miles de sus centrífugas en búnkeres militares.

Es, pues, tan espinoso el tema y tanta la desconfianza reinante que ahora hasta han aparecido interpretaciones encontradas entre estadounidenses e iraníes sobre lo que significan las voces del acuerdo interino recién suscrito. Al respecto nos cabe la pregunta de si —recordando que los persas son los maestros del arte milenario del regateo— desde ya Jamenei estará intentando maximizar sus oportunidades una vez que se abrió la caja de pandora en Ginebra.

En fin, lo que es innegable es que, como consecuencia del reciente acercamiento estadounidense-iraní, ha habido un desplazamiento significativo en las placas tectónicas sobre las que están asentadas las relaciones diplomáticas en Oriente Medio. Pero solo el tiempo dirá si los ayatolás, como concluyera un experto, toman la decisión de que Irán deje de ser una “causa” (de apoyo al terrorismo internacional, entre otras), para convertirse en una verdadera nación, con los derechos y sobre todo las responsabilidades que ello implica.

Mientras tanto, al mundo solo le queda estar pendiente de lo que sigue a continuación, esperando lo mejor pero preparándose para lo peor. El autor es activista virtual.

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