Bloomberg News
La intolerancia de los venezolanos a los aumentos del precio de la gasolina está bien documentada. Un incremento de 1989 desencadenó disturbios y una represión militar que contribuyó al nacimiento de la carrera política de Hugo Chávez.
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El hecho de que su sucesor, Nicolás Maduro, considere aumentar el precio, que a 0.06 dólares por galón (3.78 litros) es el más bajo del mundo, indica que el nuevo presidente está dispuesto a instrumentar medidas impopulares para reducir un creciente déficit presupuestario y reforzar las reservas en moneda extranjera, que han caído al nivel más bajo en nueve años.
La medida podría contribuir a frenar una caída de bonos que ha llevado los rendimientos venezolanos a 11.7 puntos porcentuales por encima de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos, el mayor diferencial entre los mercados emergentes, según Bank of America Corp.
Un aumento de precio contribuiría a “reducir el déficit, el consumo de gasolina de Venezuela y el contrabando a Colombia, además de permitirle a Venezuela exportar más gasolina”, dijo Francisco Rodríguez, economista para la región andina de Bank of America, en entrevista telefónica desde Nueva York.
Maduro flirtea con un tema que es tan tabú en Venezuela —que tiene las mayores reservas de gas y petróleo de América Latina—, que el precio subsidiado no se ha tocado en 17 años. Chávez nunca aumentó el precio en los 14 años en que se desempeñó como presidente antes de sucumbir al cáncer en marzo.
“Chávez siempre temió aumentar el precio de la gasolina”, dijo José Guerra, profesor de la Universidad Central de Venezuela. Le preocupaba “el posible impacto social que pensaba podría tener”.
La propuesta, que el vicepresidente Jorge Arreaza dijo se que debatiría primero con los venezolanos, indica un cambio para Maduro que trata de frenar una inflación anual de 54 por ciento y de poner fin a una caída de 73 por ciento de la moneda en el mercado negro en lo que va del año.
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